21 junio 2008




A propósito de la puesta en circulación del libro “Momentos Estelares de la Cumbre del Grupo de Río” que recoge los pormenores de la XX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobiernos del Grupo de Río, celebrada del 4 al 7 de marzo, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, de la autoría de la periodista Emilia Pereyra, y por considerarlo como un hecho de verdadera trascendencia, publico lo que en la ocasión escribí en mi blog Hombre de Letras:

NÉSTOR MEDRANO


Un descubrimiento


Poco me gusta hablar de política en esta bitácora. Es que creo que su naturaleza es eminentemente literaria, pero hay hechos, hay situaciones que desbordan nuestras propias expectativas.

¿Cómo no hablar bien del presidente Leonel Fernández? ¿Me tildarán de inclinado hacia un partido específico? Si todos los días hubiese un esfuerzo de resultados inmediatos, como el que significó la salida pacífica a un acontecimiento tenso, que tenía crispados los ánimos de la comunidad internacional, por el conflicto entre Colombia y Ecuador-una incursión militar cuestionable realizada por grupos militares antiguerrillas colombianos, cruzando límites fronterizos y dando muerte al segundo de las FARC, Raúl Reyes-, con una concatenación de reacciones de parte de Rafael Correa, presidente ecuatoriano ofendido en la dignidad de su soberanía nacional, que siempre debe ser innegociable; contra un obstinado Álvaro Uribe, que no reconocía ni por el diablo que estaba en falta y luego las rupturas diplomáticas de Nicaragua y Venezuela con Colombia, hacían de la reciente cumbre celebrada en mi país, un polvorín que en cualquier momento estallaría, por la presencia inevitable de los protagonistas esenciales de ese juego de poder. Leonel Fernández logró calmar los ánimos.

Si resaltar esa labor que ejerció el presidente Leonel Fernández me llevará a situarme como uno de sus partidarios, no me queda otra: lo acepto. Es que en la cumbre estaba el representante de la Organización de Estados Americanos empotrado en su sillón, a ratos adormecido y moviendo su cabeza, quizás un poquito anestesiado por las largas intervenciones de los presidentes, entre bostezos furtivos, a veces y otras públicos; a quien vi consultando a otros mandatarios, fraguando entre animosidades alteradas, con la moderación que luego hasta cadenas internacionales de noticias no muy fieles a Fernández reconocieron, fue al jefe de Estado dominicano, que como anfitrión, supo jugar su papel.

Las mezquindades no pueden enceguecernos. Mi juicio no está nublado por el chantaje de lo que digan los otros: estamos en plena campaña electoral y hablar bien o mal de un candidato, es considerado-vaya jodida mala leche-, tomar partido por uno de ellos. Leonel Fernández no actuaba como candidato político nominado a la Presidencia por su partido; aunque la coyuntura sea propicia y sus estrategas son buenos, pueden explotar esa nueva situación. Fernández actuaba como jefe de Estado de la nación que albergaba a los colegas extranjeros enfrentados y muchos habían apostado al fracaso del cónclave. Pero, como dicen los vendedores y los planificadores en las ventas, se trata de un asunto de resultados. Seamos francos, tampoco somos locos, Nicaragua y Venezuela restablecieron sus relaciones diplomáticas de inmediato con Colombia. Por supuesto, el apretón de manos, las sonrisas espontáneas, que en ningún momento cruzaron por el rostro de Correa, no significaron la consumación total del conflicto: ni que Dios hubiese descendido ese día hasta el hotel Santo Domingo. Sin embargo, la tensión fue quebrada. No es cierto que sólo Álvaro Uribe haya ganado, si bien su acto fue reprochable, al fin de cuentas quiso firmar ese acuerdo tácito de buena voluntad que desde Santo Domingo, impulsó un hombre moderado, de inteligencia ya demostrada, cualificado para gobernar y cuyo comportamiento de estadista y manejador de grandes crisis, quedó más que evidenciado. Todos sabíamos de Leonel Fernández. Nadie ha hecho ningún descubrimiento: es un líder, ahora con proyección internacional. Ya sabíamos de su presencia sobresaliente en foros internacionales, en otras cumbres, en otros escenarios. Otras cumbres teóricas, de firmas y sonrisas protocolares, es más, de jodidas buenas intenciones, pero de jodidas buenas intenciones está alfombrado el camino al infierno. Lo de ahora no tenía precedentes en esta área del mundo: Colombia es un país importante, con niveles de violencia, contaminación del narcotráfico, lucha eterna contra una guerrilla imbatible; asesinatos, ejecuciones y una política de cero negociaciones con los terroristas, que es el calco de los Estados Unidos. Venezuela, salpicada por el barro del conflicto por viejos traumas, incluso relativos al secuestro de una ex candidata presidencial, en la cual Hugo Chávez ha querido mediar: son problemas contundentes. Correa, como Daniel Ortega, forman parte de ese eje político e ideológico bajo la sombra del gobernante bolivariano. ¿Que pueden considerar estas reflexiones un mero ejercicio de apología hacia Leonel Fernández? En esas condiciones, pueden afirmarlo. Creo que, independientemente de los buenos resultados de esa reunión de líderes internacionales, de los prejuicios contra Chávez, Uribe, Correa, y en República Dominicana, contra Leonel Fernández, no cabe dudas de que, gracias a su esfuerzo, alguien, nos consideró: la capital de la paz.




A propósito de la puesta en circulación del libro “Momentos Estelares de la Cumbre del Grupo de Río” que recoge los pormenores de la XX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobiernos del Grupo de Río, celebrada del 4 al 7 de marzo, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, de la autoría de la periodista Emilia Pereyra, y por considerarlo como un hecho de verdadera trascendencia, publico lo que en la ocasión escribí en mi blog Hombre de Letras:

NÉSTOR MEDRANO


Un descubrimiento


Poco me gusta hablar de política en esta bitácora. Es que creo que su naturaleza es eminentemente literaria, pero hay hechos, hay situaciones que desbordan nuestras propias expectativas.

¿Cómo no hablar bien del presidente Leonel Fernández? ¿Me tildarán de inclinado hacia un partido específico? Si todos los días hubiese un esfuerzo de resultados inmediatos, como el que significó la salida pacífica a un acontecimiento tenso, que tenía crispados los ánimos de la comunidad internacional, por el conflicto entre Colombia y Ecuador-una incursión militar cuestionable realizada por grupos militares antiguerrillas colombianos, cruzando límites fronterizos y dando muerte al segundo de las FARC, Raúl Reyes-, con una concatenación de reacciones de parte de Rafael Correa, presidente ecuatoriano ofendido en la dignidad de su soberanía nacional, que siempre debe ser innegociable; contra un obstinado Álvaro Uribe, que no reconocía ni por el diablo que estaba en falta y luego las rupturas diplomáticas de Nicaragua y Venezuela con Colombia, hacían de la reciente cumbre celebrada en mi país, un polvorín que en cualquier momento estallaría, por la presencia inevitable de los protagonistas esenciales de ese juego de poder. Leonel Fernández logró calmar los ánimos.

Si resaltar esa labor que ejerció el presidente Leonel Fernández me llevará a situarme como uno de sus partidarios, no me queda otra: lo acepto. Es que en la cumbre estaba el representante de la Organización de Estados Americanos empotrado en su sillón, a ratos adormecido y moviendo su cabeza, quizás un poquito anestesiado por las largas intervenciones de los presidentes, entre bostezos furtivos, a veces y otras públicos; a quien vi consultando a otros mandatarios, fraguando entre animosidades alteradas, con la moderación que luego hasta cadenas internacionales de noticias no muy fieles a Fernández reconocieron, fue al jefe de Estado dominicano, que como anfitrión, supo jugar su papel.

Las mezquindades no pueden enceguecernos. Mi juicio no está nublado por el chantaje de lo que digan los otros: estamos en plena campaña electoral y hablar bien o mal de un candidato, es considerado-vaya jodida mala leche-, tomar partido por uno de ellos. Leonel Fernández no actuaba como candidato político nominado a la Presidencia por su partido; aunque la coyuntura sea propicia y sus estrategas son buenos, pueden explotar esa nueva situación. Fernández actuaba como jefe de Estado de la nación que albergaba a los colegas extranjeros enfrentados y muchos habían apostado al fracaso del cónclave. Pero, como dicen los vendedores y los planificadores en las ventas, se trata de un asunto de resultados. Seamos francos, tampoco somos locos, Nicaragua y Venezuela restablecieron sus relaciones diplomáticas de inmediato con Colombia. Por supuesto, el apretón de manos, las sonrisas espontáneas, que en ningún momento cruzaron por el rostro de Correa, no significaron la consumación total del conflicto: ni que Dios hubiese descendido ese día hasta el hotel Santo Domingo. Sin embargo, la tensión fue quebrada. No es cierto que sólo Álvaro Uribe haya ganado, si bien su acto fue reprochable, al fin de cuentas quiso firmar ese acuerdo tácito de buena voluntad que desde Santo Domingo, impulsó un hombre moderado, de inteligencia ya demostrada, cualificado para gobernar y cuyo comportamiento de estadista y manejador de grandes crisis, quedó más que evidenciado. Todos sabíamos de Leonel Fernández. Nadie ha hecho ningún descubrimiento: es un líder, ahora con proyección internacional. Ya sabíamos de su presencia sobresaliente en foros internacionales, en otras cumbres, en otros escenarios. Otras cumbres teóricas, de firmas y sonrisas protocolares, es más, de jodidas buenas intenciones, pero de jodidas buenas intenciones está alfombrado el camino al infierno. Lo de ahora no tenía precedentes en esta área del mundo: Colombia es un país importante, con niveles de violencia, contaminación del narcotráfico, lucha eterna contra una guerrilla imbatible; asesinatos, ejecuciones y una política de cero negociaciones con los terroristas, que es el calco de los Estados Unidos. Venezuela, salpicada por el barro del conflicto por viejos traumas, incluso relativos al secuestro de una ex candidata presidencial, en la cual Hugo Chávez ha querido mediar: son problemas contundentes. Correa, como Daniel Ortega, forman parte de ese eje político e ideológico bajo la sombra del gobernante bolivariano. ¿Que pueden considerar estas reflexiones un mero ejercicio de apología hacia Leonel Fernández? En esas condiciones, pueden afirmarlo. Creo que, independientemente de los buenos resultados de esa reunión de líderes internacionales, de los prejuicios contra Chávez, Uribe, Correa, y en República Dominicana, contra Leonel Fernández, no cabe dudas de que, gracias a su esfuerzo, alguien, nos consideró: la capital de la paz.

07 junio 2008

BOSCH: Valor universal


Juan Bosch, el cuentista, el novelista, el ensayista y luego el político, debe ser difundido con el lanzamiento masivo de su obra y la promoción de sus valores entre la juventud, con concursos literarios que giren en torno a su nombre y que permitan la investigación biográfica, en su dimensión absoluta.

(ensayo)


NÉSTOR MEDRANO


Hispanoamérica ha tenido sus emblemas literarios, sus figuras literarias principales, e incluso, sus iconos, como el colombiano Gabriel García Márquez, el venezolano Arturo Uslar Pietri y dominicanos valiosos como Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch y Marcio Veloz Maggiolo. En Veloz Maggiolo-novelista consagrado de larga data-, poseemos en la actualidad a uno de los narradores vivos más auténticos del continente. Me arriesgo, sin temores, a escribir que Marcio Veloz Maggiolo, por la trascendencia y constancia de su obra puede situarse en la primera línea de los novelistas hispanoamericanos por el peso de sus novelas y el manejo innovador del fondo y la forma, además del clima y la atmósfera de creatividad de cada uno de sus temas, con una vasta narrativa referencial que incluye aspectos vitales de la era de Trujillo. República Dominicana ha hecho su apuesta. Tiene hombres de la talla de Veloz Maggiolo. Pero no sólo Veloz Maggiolo nos ha proyectado con una novelística de timbres universales, recientemente reconocidos y valorados por editoras internacionales y nominaciones a premios literarios de trascendencia. En el pasado tuvimos al poeta Manuel del Cabral, cuya obra ingeniosa y dotada de una calidad estética insuperable, nos colocó más allá de nuestras fronteras. Otros autores, sobre todo muy jóvenes, han iniciado un trayecto literario con esperanzas de trascendencia internacional, como Junot Díaz, acreedor desde ya de uno de los más prestigiosos galardones del mundo que es el Premio Pulitzer, con su primeriza novela, Brief Wondrous Life of Oscar Wao ("La prodigiosa vida breve de Oscar Wao), que lo inserta en la estelaridad de los universales; o el caso del vegano Pedro Antonio Valdez, cuya novela Carnaval de Sodoma fue adaptada al cine. En Pedro Henríquez Ureña, ya para hablar de “ligas mayores” poseemos la representación de un verdadero perseguidor de nuestras conexiones ibéricas del pensamiento, un valor reconocido, admirado y seguido por las luminarias, mientras ejerció su oficio de literato integral en México y Argentina. Vuelvo a decir, no obstante cualquier planteamiento, que si bien contamos con esos autores universales, como lo fue Manuel Rueda, poeta, pianista y sobre todo dramaturgo; Con Manuel del Cabral, Franklin Mieses Burgos, René del Risco Bermúdez, Pedro Mir y otros de gran importancia que no han trascendido el ámbito internacional, en Juan Bosch se llega al techo de la trascendencia. Para muestra la novela El Oro y la Paz, de corte generacional, ambientada en otra nación y con el tema del oro, la ambición y la selva, a veces nos acerca a La Vorágine de José Eustasio Rivera y otras novelas monumentales de la selva. Porque Bosch esquematizaba su narrativa en valores que iban más allá de los localismos dibujados en sus cuentos, con la idiosincrasia coloquial y simple del lenguaje del campo y de ese español rural de la región del Cibao.
Bosch supo trascender porque cuando escribía poseía una clara conciencia de los manejos técnicos-formales de la narrativa. Y la narrativa, según su propia concepción- no podía limitarse a las cuatro paredes de insularidad de su país. Claro, Bosch fue ayudado por su actividad incesante en el exterior. En Cuba se hizo famoso como cuentista. Su paso por Puerto Rico le permitió abrevar de una fuente sustancial que marcaría el derrotero de su futuro: Eugenio María de Hostos. Hostos era un pensador con alma de maestro que produjo una revolución en la educación dominicana. Como escritor universal Bosch creció, porque como dice su biógrafo Euclides Gutiérrez Félix, “debe significarse que La Mañosa, Camino Real, Dos pesos de agua, Todo un hombre, la Nochebuena de Encarnación Mendoza y el Socio, reflejan el conocimiento y el dominio del autor, del medio donde crea y sitúa a sus personajes”.
La universalidad de Juan Bosch, como uno de los probables precursores del Realismo Mágico- ahí está su cuento el Socio- se empeñó en desnudar la condición del ser humano, sus bondades y mezquindades, como queda expresado en Los Amos. ¿Cuáles son los puntos comunes en autores grandes como Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Pablo Neruda? Que sus obras han sobrevivido y superado sus propios nombres. Pero, ¿puede la posteridad nominar por sí sola a la inmortalidad a un autor? La respuesta es compleja y no admite un “sí” o un “no”, simples, para escabullirnos por el flanco más fácil. La inmortalidad de un autor se ampara en el peso inextinguible de su obra- que en el caso de Bosch no resiste dudas-, como ha ocurrido con el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes, o con Cien años de soledad de García Márquez.
El grado imperecedero que da pie al camino de la inmortalidad está cimentado en los valores de la producción intrínsecamente reinantes de la obra. Sin embargo, cabe esto como veracidad de contraste, la inmortalidad se logra por el esfuerzo institucional que haga un país, para preservar, difundir y dinamizar la memoria histórica de un autor. Tenemos la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que debería ser el cuerpo viviente de la cultura nacional y de las manifestaciones de las artes plásticas, el teatro, el cine; junto a las demás universidades, deben integrarse al esfuerzo de hacer valer estas aseveraciones. Juan Bosch, el cuentista, el novelista, el ensayista y luego el político, debe ser difundidos con el lanzamiento masivo de su obra y la promoción de sus valores entre la juventud, con concursos literarios que giren en torno a su nombre y que permitan la investigación biográfica, en toda su dimensión absoluta.
Los intentos por recordar al insigne cuentista se han hecho en el ámbito político-gubernamental, nombrando puentes, como el que enlaza al Distrito Nacional con el municipio Santo Domingo Este, paralelo al Juan Pablo Duarte. También un aeropuerto en Samaná fue designado con su nombre.
Pero, para no salir del ámbito contextual de este trabajo- eminentemente de enfoque y búsqueda literarios-, Juan Bosch tiene que ser rescatado del olvido de unos que sólo lo recuerdan como político y ex presidente, con un gobierno interrumpido a los siete meses y otros, las nuevas generaciones, o nunca han escuchado su nombre o lo conocen parcialmente.
¿Conocen los niños su Cuento de Navidad?, relato en el sentido amplio de la palabra, con unos valores intrínsecos tan universales que hoy pueden ser escogidos como renglones de una lectura para jóvenes, adolescentes y niños. Si bien Charles Dickens escribió sus evocaciones navideñas con los viejos fantasmas de las navidades pasadas y futuras, para ablandar el corazón de un viejo avaro, malo, rico y huraño, que odia esas festividades, Bosch no se quedó atrás y dejó constancia de su sensibilidad para un segmento de población lectorial de sensibilidad especial como es el público infantil. El caso de los grandes de la narrativa es así. Incursionan en todos los ámbitos aunque se corten un dedo al intentarlo. Como Marcio Veloz Maggiolo, nuestro novelista por excelencia, que escribió poesía e hizo literatura dirigida a los infantes. ¿Resiste la obra de Bosch el escrutinio de la posteridad? Los valores de sus libros estaban realzados con la visión estética del hombre que clama por el hombre y su destino.
En Juan Bosch se combinaron los elementos necesarios que sirvieron para curtir su corteza intelectual y hacerlo un visionario. Su formación autosostenida y autogestionada lo hizo un autodidacta, cuyo talento no conoció fronteras. ¿Por qué esas galas de reconocimiento expreso? Precisamente porque República Dominicana vive una etapa de su vida institucional, de desconocimiento real de su identidad y de pérdida de valores de tal magnitud que más vale el rápido enriquecimiento que dedicarse a escribir libros para morir en la pobreza. Bosch se dedicó a escribir libros, a hacer literatura y ser además un oficiante creativo que sobre esa sólida formación literaria, impregnó su obra de una condición ética y moral incuestionable.
Tenía un temperamento de alcurnia cívica, como la tenía Rómulo Gallegos y por eso la simbología de sus obras fundamentales, la lucha de la barbarie y la civilización, de la luz y las sombras reflejados en novelas de la aristocracia cualitativa de Doña Bárbara, su protagonista Santos Luzardo, Mister Danger, en ese poderoso juego que sólo autores de sus convicciones y creencias morales podían entretejer. No en vano Bosch opinó que Rómulo Gallegos era merecedor del Premio Nobel de Literatura cuando le fue adjudicado al guatemalteco Miguel Ángel Asturias.
“Me sorprendió siempre que a Rómulo Gallegos no se le diera el Premio Nobel de Literatura y sin embargo se le diera a Miguel Ángel Asturias. En su caso me alegré por ser un escritor latinoamericano y Gallegos había muerto hacía años. Pero la obra de Asturias no puede compararse con la de Gallegos”. El mismo Bosch admiraba al venezolano, por sus rasgos similares, porque era un novelista con una extensa producción. Los valores éticos y morales lo atraían. Rómulo Gallegos había sido presidente de Venezuela y no se había enriquecido con tal condición. ¿Puede consustanciarse a los valores de una obra la calidad moral y sin dobleces de su autor? Aunque esto sea considerado como un valor extraliterario, el perfil moral de un escritor es lo que queda plasmado en su obra. Porque su obra es expresión magnánima de su pensamiento y como tal, hay un carácter indisoluble.

27 mayo 2008

Golpe de lluvia desnuda


NÉSTOR MEDRANO


Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.

Quisiera ser la brisa transparente y tránsfuga, que se cuela: quisiera ser lo que miran tus ojos: tu mirada,
Quisiera ser la intención que motiva tu alegría: quisiera ser esa parte de ti que aún buscas en algún recóndito lugar abismado de contradicciones, tu verdad; quisiera estar cerca de ella: de la verdad, la tuya; tu verdad, en la que crees, por la que vives.

Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.

Quisiera vestirte con mis labios carnosos; zambullirme en las costas de tus mares y tus cielos, tus infiernos y tus mareas; tus gemidos, tus alegrías y tus tristezas. Quisiera ser la luz de alguna de esas noches de sombras, cuando no hay camino o el camino; se desconstruye, se desubica, para clavarte los dardos; de
La angustia.

Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.

Quisiera ser lo que imploras cuando sola imploras lo implorable del dolor solitario de las formas; las formas de la ilusión curtidas por el fango de un espejismo de llanto postergado: quisiera ser la sábana sobre la cual tiendes tu cuerpo para reposar del cansancio del día: quisiera ser el acondicionador de aire para despojar de tu piel desnuda los cristales empañados del calor. Quisiera ser tu sudor: tus latidos, tu sí y tu no, ambas cosas, todo: un absoluto de magia, de besos y mejillas, en tu más pura naturaleza de mujer, desnuda, frente al metro de Seúl o de París, o de cualquier lugar donde lleguen tus lágrimas, de risas y nostalgias.

Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.

Quisiera medirte con la magia de mis caricias: que me representes tal y como eres, con tus prolongados silencios, con tus efímeras miradas, con tus sonrisas proclamadas de ruido; estrépito; desnuda, abierta a todos los horizontes más allá de la raya donde cielo y mar confinan el límite del mundo. Quisiera ser tu prédica y tu día; tus horas y sus minutos, sus segundos y sus soles en medio de las plazas, en los silencios de los bullicios, en la claridad única de las sombras.

Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.
Quisiera confesar lo confesable, aunque me creas inconfesable confeso. Quisiera decirte que siento tus silencios ahora más silencios que nunca: como si tal cosa fuera un rechazo, sin respuestas, sin palabras, como si de algún tranquilo reposo divinizara las zonas humanas; impenetrables; distante el calor de
Aquellas horas nunca existentes...hasta culminar en lo inconsumable. Quisiera despojarme del forro de la piel marchita para reconvertir cualquier idea, vaga, injusta y captar en tu pensamiento la lluvia, mi materia primordial: la lluvia y la madrugada, las noches adormecidas sin parpadeos válidos, con esa ira callada de asumir lo improcedente.

Estás desnuda: muestra cristalina de lluvias.

Quisiera iniciar el trayecto hacia nosotros: desfilarnos en un desfile de azules panorámicas citadinas: donde abunden las ideas sin concepto: sólo la naturaleza prohibida puesta al vapor de las exhalaciones infinitas: desaparecernos en la esquina del miércoles para aparecer el sábado a la una de la tarde. Quisiera untarme de algún pequeño espacio donde gravite tu cuerpo, donde se despierten las ansias, donde puedas descubrir que yo, antes de todo y después de todo, en el bien y en el mal, en el polvo cósmico de los sueños y los desvaríos: puedo ser tuyo, para siempre de todas las eternidades.

25 mayo 2008

Niña Perversa


NÉSTOR MEDRANO


No he dejado de pensar en ella tal y como la vi; con su rostro de niña perversa, mala y maldita que me tiene afiebrado hasta el límite de desconocer esa fuerza inaudita que ahora se diluye por todo mi cuerpo y recorre áreas sensibles, incluso, se me hace difícil controlar la erección de las emociones, del alma y del ente viril de las verdades tímidas y mentidas de la hombría.

No he podido dejar de pensar en sus labios y en la cascada de oro de su pelo largo, mechoneado sobre su frente y su rostro y esa mirada erótica que me optimiza el deseo y me desconsidera en esta hora de vino blanco, risas y cigarrillos finos. No he podido dejarla, abandonarla en ningún momento, y es que creo que su boca me ha hechizado de manera misteriosa y fundamental, básica y regular: no ha habido forma de buscar alternativas capaces de eliminar su perfume, ella huele a lluvia y a brisa fresca de tierra fértil. Ella huele a infancia a pesar de ser mujer; huele a pecado y el pecado huele a su cuerpo, al sudor tibio de la piel que arde estremecida estremeciéndome cuando aterriza con su lengua despacio por los espacios de mi pudor de hombre afectado por el amor, por el deseo; por la fogosidad de una caricia que aletea soberbia hasta el bajo vientre, hasta la médula, hasta tu sexo...
Allí, en esa esquina de pocas luces, me prolongo en la melodía ronca del saxo que llega con sus talantes de nostalgias, con los olores de la ciudad que son nuestros olores y que son tus olores. Y la recuerdo, máxima, la acomodo a mi forma de ser para adorarla, para extenderla en toda su inmensidad de arco iris mezclado con lágrimas de sol y es cuando me atesoras entre tus senos perfectos, esos dos senos tan de mujer, tan redondos, tan deleitables, tan de mujer y tan tuyos o de ella, aunque se trate de la misma persona. Bebimos del mismo vaso de vino y nos untamos los labios de ese escozor divino y tembloroso, de esa corriente mágica de atracciones envolventes.


Porque la vi desnuda. Sí, descubrí su desnudez por encima de la ropa ceñida, el pantalón caqui ceñido, apretado, que hacía de sus formas de mujer un atentado contra los instintos, que incluso provocó un flujo de sudores.

Al verla se instaló el deseo en todo mi cuerpo y quise besarla, transmitirle la maldad de mis impulsos sobre esa cantera de poros exhalantes de azúcar quemada y pronuncié su nombre, quise hacerla mía como otras veces y que ella me hiciera suyo, que ella me abrazara y me tendiera toda la bondad de su sexo, en un solo derrame de candencias y movimientos infinitos, de viajes entre las sábanas que nos llevaron al tercer cielo cerca de Dios, cuando nos derramamos nosotros también en esa búsqueda exploratoria y explotamos también.
¿Qué recuerdo de nuestras estadías en las costas del amor? ¿Era amor, o simple sexo bañado de la más cruda pasión que pueden sentir dos seres humanos que se deshumanizan con los gemidos?



Ella era tan esporádica y gentil. Tan de sí misma y mía al mismo tiempo, tan nuestra y cercana, que supo inaugurarme en esos lugares sólo para iniciados, cuando apenas un imberbe prometía grandes cosas pero no dejaba de ser un novato, un novicio sin amputaciones morales que deseaba tenerla, tenerla y meterla dentro de mí, mujer ideal, madura, joven y niña, con la capacidad de una picardía ancestral, con la picardía de quien desea y necesita que la hagan sentir mujer, enredada en el silencio y el bullicio, del sexo, el saxo, las luces de bajos watts y el piano lento, lento y...subliminal.

Pero quizás al perderla o perdernos, porque declaro que hice mis propios aportes a la sostenibilidad democrática del sentimiento, resbaló algo fundamental de mi esencia masculina, por un caño sin destino fijo pero dirigido al desvanecimiento de todas mis fuerzas. De nada valieron las fórmulas alternativas, ni los embates solitarios de los tragos del whisky al vapor, acompasados de viejas melodías de tiempos pasados, y la compañía protocolar de mujeres estrepitosas y momentáneas que si bien cumplieron con su rol de descarga coyuntural fisiológica, no fueron capaces de llegar a ese extremo donde la magia se une a la carne para convertirnos en poesía viva de puro amor, coito y encuentro magnífico.


Así, como se cree o se tiene la creencia de que debemos creer en lo más creíble posible, deduje que su partida o estadía en la distancia iba a trastornar el mismo origen de mis alegrías nunca conclusas, porque con ella aprendí lo que se debe aprender en el arte cruel de esa sustancia intangible que es el amor, o algo parecido al amor, la carne viva, los minutos excitantes y las horas desmañadas, sin importar nuestra desnudez, la mía que es imperfecta y la tuya que se hace afín a la plenitud, próxima a ese universo inequívoco que fue donde descubrí que el sexo nos transformó en dos animales sin razones para vivir en soledad.




















22 mayo 2008

Bosch: ¿por qué Judas Iscariote?



NÉSTOR MEDRANO

ensayo


El Judas que vendió a Cristo por 30 monedas de plata y luego se suicidó, ahorcándose por el dolor y los golpes de conciencia, es un motivo de controversia, que surge y resurge, y que al mismo tiempo pocos autores se atreven a referir, sobre todo en países que como República Dominicana, poseen una profunda vehemencia cristiana.

¿Fue Judas un traidor o un sujeto del plan de Dios, manejado y destinado- o ambas cosas a la vez-, con un plan preconcebido? Si el plan de Yahvé estaba concebido para que Jesús el Unigénito, el Hijo del Hombre, viviera y padeciera el más cruento de los sufrimientos, incluso la vejación, la humillación y la muerte física, ¿no formaba parte Judas Iscariote de ese plan superior que lo hizo seguir un guión ya escrito? Esa controversia, mítica o histórica, está latente, e incluso se mantiene viva entre doctrinarios y entendidos en la materia, que han visto en el comportamiento del discípulo una simbología de la avaricia, la ambición y el materialismo, elementos distorsionantes de las enseñanzas secretas llevadas a cabo por el Mesías, que buscaban otros valores como la salvación del alma.

Esa temática fue abordada por Juan Bosch, lo que permite una cosmovisión del temple intelectual de quien enfrentó a los sectores más conservadores de la Iglesia Católica, esgrimiendo una visual realista de la conducta de aquel “satanizado” discípulo de Jesús.

En su libro Judas el Calumniado, Juan Bosch explica que luego de dos mil años el Iscariote ha sido víctima del escarnio, sin el derecho a la defensa, debido a que nunca antes de su muerte pudo explicar sus motivos.

¿A qué se enfrentó Bosch al escribir sobre Judas? ¿Qué pensaron sus enemigos políticos, los sectores eclesiásticos que lo adversaron y sus detractores más encarnizados al darse a la tarea de revivir a un personaje odiado por haber aceptado dinero para entregar a Jesús, el hombre ejemplo del más grande amor hacia la humanidad?

Con sus antecedentes, su trajinar político y sus creencias no comprendidas, es claro que muchos acentuaron sus disquisiciones y sus perfidias. El otro ángulo es la honestidad del escritor fiel a sus ideas, que escribe porque es libre de hacerlo y porque la autocensura no es una opción para el literato legítimo.
“Judas no escribió, no adujo palabra en su defensa; y durante dos mil años no ha habido fuente directa en qué abrevar para justificar una revisión, del juicio que le ha condenado como arquetipo de traidor”, escribió Bosch.

¿Qué ganancia obtiene Juan Bosch al convertirse en abogado de la defensa del Judas y postular, con datos rigurosamente bien documentados, a favor de ese ser despreciable que obró indignamente contra quien había nacido de vientre de mujer pero que era el hijo del hacedor del universo? Es la osadía de rebatir criterios desde un ámbito literario-conceptual, que como los más grandes de todos los tiempos siembran en la controversia valores imperecederos del pensamiento. Para Bosch existía el método de la contradicción de la Historia, con la misma revisión de la Historia. Los acontecimientos fluyen como corrientes de río, por el cauce que quien maneja la Historia, su historia, dispone. Se descubre aquí la sabiduría de Bosch para escoger los escenarios. Podía plantear la novela para limpiar de algún modo- y las vías de la ficción permiten mil posibilidades-, esa vida que él supone enterrada por los oprobios del prejuicio. Pero Bosch escogió la vía del ensayo, de la enumeración de los hechos y al mismo tiempo de la enunciación dialéctica de la Historia. Del caso de Judas Iscariote, el autor hizo una trasposición ejemplarizante de otro caso de traición en la Historia: León Trotsky, de quien se decía traicionó los ideales de la Revolución Rusa, pero, quien al decir de Bosch, vivió lo bastante para defenderse y escribió explicando su conducta.

“Si los sucesores de Stalin en el mundo de la Revolución Rusa, sostienen ese punto de vista, dentro de un siglo, suponiendo que el comunismo llegue a gobernar en toda la tierra, no habrá ser vivo capaz de imaginarse, siquiera, cuál fue la verdadera actuación de León Trotsky”, matiza Bosch en sus interpretaciones sobre lo acontecido con Judas Iscariote.

El literato dominicano ha explicado que desde que ocurre el apresamiento de Jesús en el Huerto de los Olivos, Judas desaparece de entre los discípulos. Bosch, como intelectual de ideas firmes y haciendo galas de objetividad, fue explícito al decir que Judas Iscariote, el Calumniado, como libro no tenía el interés de defender al ahorcado y sin embargo, abunda planteando que el estudio de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, además del Libro de los Hechos de los Apóstoles, que al consignar del autor son los documentos en los que basa sus argumentos la Iglesia Católica, “arroja resultados sorprendentes en cuanto a la conducta de Judas Iscariote”.

Bosch argumenta que los cinco libros analizados por él, fríamente, sin voluntad previa de hallar al discípulo referido culpable o inocente, lo llevan a conclusiones inesperadas: “Judas no traicionó a Jesús, no le vendió, no le besó, no cobró su infamia y por último no se ahorcó”. Ese juicio temerario del escritor de cuentos enfrenta desde su esencia y origen, planteamientos aceptados como verdad universal del mundo cristiano. Juicio puntilloso, incluso para los más fanáticos, que se vuelve más agrio cuando se pregunta: ¿por qué pues, la acusación? Bosch atribuye a la acusación de traición un matiz de contenido político “usado instintivamente por todos aquellos que se lanzan a la conquista del poder, ya sea en una sociedad o en una organización”.
El autor establece que la primera acusación contra Judas la hace Simón Pedro y que la supuesta traición fue inventada por los celos enllamados que despertó la designación del único hombre de los 12 que no era galileo: ocupó la tesorería del grupo y aunque asume que sería aventurado pensar que Judas quería encabezar la agrupación, se pregunta: “¿Pero quién asegura que sus compañeros no le atribuyen esas ambiciones?”.
Es mejor poner a Bosch a decir, por qué Judas Iscariote:
“Muerto Jesús, la organización de la Iglesia era un hecho político que no podía escapar a una ley universal en el fenómeno político. A la hora de ocupar el primer puesto-vale decir, el poder- en la congregación no podía presentarse a Caifás como el enemigo que debía odiarse, puesto que ese odio se fijaría en un objeto externo a la organización misma, y era además un sentimiento que atemorizaba, no unía, disgregaba; eso explica que la primera acusación fuera la de Simón Pedro”.(Santiago de Chile, 1954, págs. 235,238 y 241).

La visión de Bosch sobrepasa en este trabajo, que primero se publicó en tres artículos en la revista semanal Bohemia de la Habana, cualquier otro intento por ofrecer una panorámica sobre Judas Iscariote y el abordaje temático del conflicto. Juan Bosch se muestra como un intelectual sin prejuicios, que lejos de confrontar a la Iglesia como muchos pudieron creer y lejos de expresar una ideología procomunista y atea, en ese trabajo sustenta una tesis, que en la distancia y revisado sin apasionamientos, se trata de un análisis político.

El discipulado de Jesús era una organización aglutinante que Bosch vio como un elemento de de disputa interna, una vez desaparecido el Mesías. ¿Pecó sólo Judas Iscariote? ¿Acaso no fue elemento de desconfianza la negativa de Pedro cuando en el pueblo le imputaron ser de los hombres del Rabí? Jesús hizo el vaticinio en la misma mesa de la Santa Cena, en la cual anunció que sería denunciado. Como se apunta en el Libro de San Mateo, versículo 69 de la versión El Nuevo Testamento- Reina- Valera 1960, Pedro estaba sentado en el patio; y se le acercó una criada diciendo: tú también estabas con Jesús el galileo, más él negó delante de todos diciendo: “No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta le vio otra vez y dijo a los que estaban allí “también éste estaba con Jesús Nazareno”, pero él dijo esta vez con juramento: no conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que allí estaban, dijeron a Pedro: verdaderamente también tú eras de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre, entonces él comenzó a maldecir y a jurar: no conozco al hombre, y enseguida cantó el gallo. (Versículos 69-al 75).

Si ciertamente Judas “vendió y entregó a Jesús”, Pedro, el más aguerrido defensor del Maestro, lo negó tres veces antes de que el gallo cantara, como lo había profetizado Jesús. ¿Hubo temor al escarnio público? ¿Dolía el dolor? ¿Era malo, indigno y pecador, Pedro? ¿Obedeció a lo trazado en un guión preconcebido? Lo que hubo fue una lucha por la retención del poder y fue tan ardua que incluso, en esencia, Pedro se convirtió “en la roca sobre la cual se erigió la Iglesia”.
Bosch lo planteó de la manera siguiente: “ No hay sino una respuesta, y es que en esa acusación (la de traidor sobre Judas) jugó un papel importante un factor de índole política, usado instintivamente, por todos aquellos que se lanzan a la conquista del poder, ya sea en una sociedad o en una organización. Cualquier idea requiere ser divulgada en sentido positivo y en sentido negativo, si es que ha de ser impuesta”. La interpretación de Bosch sobre la tal acusación de traidor contra Judas- que la hubo según las narraciones bíblicas, estuvo limitada a un asunto de celos: Judas manejaba las finanzas del grupo y posteriormente podía alzarse con el santo y la limosna.
En el versículo 14 del capítulo Judas entrega a Jesús del Nuevo Testamento, edición antes citada de Mateo, dice: “Entonces, uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote fue a los principales sacerdotes y les dijo: qué me queréis dar y os lo entregaré. Y ellos le asignaron treinta piezas de plata y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
El juicio valorativo de Bosch de que la actitud fue política, recorre un largo trayecto de más de dos mil años sobre una parte de la vida de Jesús de la cual se han tejido especulaciones , señalado cuestionamientos, dudado de algunos pasajes, lo que implica en el ensayista una preocupación intelectual, en la que se hace parte del litigio y ocupa el lugar de la defensa que pocos se han atrevido a insinuar, por lo espinoso del tema.
En definitiva, las apreciaciones de Juan Bosch sobre Judas el Calumniado, abren una parte del pensamiento del escritor, quien con sentido crítico emprendió un camino sin retroceso hacia la búsqueda-interpretativa o no- de la verdad sobre el Iscariote. También, el texto de esta obra permite al lector advertir que, a tantas décadas de haber sido escrito, resume la actualidad de un debate imperecedero sobre la vida de Jesús, el hombre más importante en la Historia de la Humanidad.

09 mayo 2008

Nos fumamos el amor

NÉSTOR MEDRANO

Enciendo un cigarrillo en uno de los pasillos de este piso solitario y amarillo. Iniciar la mañana es fácil cuando uno percibe que está nublado y que la voz de la lluvia me suplicará imaginarte, tal vez desnuda a mi lado. Desnuda porque es la condición natural de tu belleza; beber un trago de rocío es poco cuando imagino que disfrazarás de caricias mis momentos de soledades únicas e indefectibles. Las soledades únicas e indefectibles son esenciales, me recuerdan que eres tan necesaria en mi vida, tan única e imprescindible, que sólo estoy solo cuando te tengo lejos o no cerca: a poca distancia de poder tocarte, temblar contigo y hacernos temblar a ambos, si en algún punto me brindas la posibilidad de hacernos el amor. ¿Cómo es hacernos el amor? Es fácil: hace falta una tarde nublada, preferiblemente de sábado, unas copas de vino, la lluvia, nuestra desnudez y la piel sobre la piel, los poros fundidos entre la carne, después el cansancio de la jornada y el caer entre los dos hasta el día siguiente.
Son jornadas simples, untados de nuestros cuerpos, bañados de nuestras ansias, gateando por los bordes resbaladizos del sudor y la lujuria: la lujuria y la caricia, los cuerpos y el alma. Al verte no puedo decir lo que en realidad quiero decir, las palabras pueden ser sustituidas en cualquier momento: por tu voz. Por la cadencia de tus caderas y por la cascada de tu pelo de oro, regado o esparcido sobre mi rostro, una vez, repitamos hasta la extenuación la jornada primordial, el acto esencial y sublime, la construcción del amor, entre fluidos y quejidos universales. Así estaremos en la permanencia de los dos, en la presencia de tus ausencias cuando me llames como mujer necesitada de caricias, de mordidas y caricias, de lamidos y caricias, de adoraciones y caricias; hasta el estallido, la locura, la ilusión construida sobre las planicies de tu pecho, tus marcas infinitas de mujer, tu pecho, tu marca. Nuestros lamidos y caricias.
Antes de alejarme del balcón y de la lluvia vuelvo a soñarte como hace unos minutos cuando te miré a los ojos y fumaste tu cigarrillo en silencio, bebiste tu café en silencio, pensativa pero pensando en mí y en la posibilidad existencial de anexarnos a la una de la tarde, entre sorbos más largos y templados del vino; entre abrazos más estrechos y apretados, entre contactos prohibidos por esas zonas donde se ha prohibido transitar a los extraños, a los que la voluntad no invita ni la pasión corresponde.
Puedo decirte ven, acuéstate a mi lado en esta tarde que de vulgar y sabatina se transformó en un año de espasmo y locura, de temblores y coitos, de amor y lascivia. Ven, puedo llamarte aunque descubro que desde tus besos me he quedado sin voz y sin articular palabra, con el torrente enmudecido de vida que nos grita sobre los pecados nuestros y nos invita a seguir pecando entre las explanadas de tu piel y los recodos de tu cuerpo. El cigarrillo se gasta; congelo tu rostro para mirarlo y besarlo, Hasta descongelarlo y derretirlo, en una tarde sabatina de excesos, amor y lujuria.

Nos fumamos el amor


Enciendo un cigarrillo en uno de los pasillos de este piso solitario y amarillo. Iniciar la mañana es fácil cuando uno percibe que está nublado y que la voz de la lluvia me suplicará imaginarte, tal vez desnuda a mi lado. Desnuda porque es la condición natural de tu belleza; beber un trago de rocío es poco cuando imagino que disfrazarás de caricias mis momentos de soledades únicas e indefectibles. Las soledades únicas e indefectibles son esenciales, me recuerdan que eres tan necesaria en mi vida, tan única e imprescindible, que sólo estoy solo cuando te tengo lejos o no cerca: a poca distancia de poder tocarte, temblar contigo y hacernos temblar a ambos, si en algún punto me brindas la posibilidad de hacernos el amor. ¿Cómo es hacernos el amor? Es fácil: hace falta una tarde nublada, preferiblemente de sábado, unas copas de vino, la lluvia, nuestra desnudez y la piel sobre la piel, los poros fundidos entre la carne, después el cansancio de la jornada y el caer entre los dos hasta el día siguiente.
Son jornadas simples, untados de nuestros cuerpos, bañados de nuestras ansias, gateando por los bordes resbaladizos del sudor y la lujuria: la lujuria y la caricia, los cuerpos y el alma. Al verte no puedo decir lo que en realidad quiero decir, las palabras pueden ser sustituidas en cualquier momento: por tu voz. Por la cadencia de tus caderas y por la cascada de tu pelo de oro, regado o esparcido sobre mi rostro, una vez, repitamos hasta la extenuación la jornada primordial, el acto esencial y sublime, la construcción del amor, entre fluidos y quejidos universales. Así estaremos en la permanencia de los dos, en la presencia de tus ausencia cuando me llames como mujer necesitada de caricias, de mordidas y caricias, de lamidos y caricias, de adoraciones y caricias; hasta el estallido, la locura, la ilusión construida sobre las planicies de tu pecho, tus marcas infinitas de mujer, tu pecho, tu marca. Nuestros lamidos y caricias.
Antes de alejarme del balcón y de la lluvia vuelvo a soñarte como hace unos minutos cuando te miré a los ojos y fumaste tu cigarrillo en silencio, bebiste tu café en silencio, pensativa pero pensando en mí y en la posibilidad existencial de anexarnos a la una de la tarde, entre sorbos más largos y templados del vino; entre abrazos más estrechos y apretados, entre contactos prohibidos por esas zonas donde se ha prohibido transitar a los extraños, a los que la voluntad no invita ni la pasión corresponde.
Puedo decirte ven, acuéstate a mi lado en esta tarde que de vulgar y sabatina se transformó en un año de espasmo y locura, de temblores y coitos, de amor y lascivia. Ven, puedo llamarte aunque descubro que desde tus besos me he quedado sin voz y sin articular palabra, con el torrente enmudecido de vida que nos grita sobre los pecados nuestros y nos invita a seguir pecando entre las explanadas de tu piel y los recodos de tu cuerpo. El cigarrillo se gasta; congelo tu rostro para mirarlo y besarlo, Hasta descongelarlo y derretirlo, en una tarde sabatina de excesos, amor y lujuria.

10 abril 2008

Junot, Dominicana tiene un Pulitzer



NÉSTOR MEDRANO

Junot, puedes hablar en inglés, soñar en inglés, hacer todo lo que hace un hombre en inglés, siempre serás dominicano. Quienes lo dudan que indaguen sobre las temáticas de tus textos; que profundicen sobre los personajes y el hábitat alucinante, la atmósfera criolla en la cual viven, se desarrollan, cometen sus pecados y mueren. Junot, hace apenas unos días, al leer mi cuento, El Dragón sobre su cuello, en la revista Vetas y ver que escribías en la misma edición, resalté el hecho: me prestigiaba el destino al hacerme compartir un espacio común: tus letras, desde aquellos años de Drown, traducido como Negocios, revolotearon los espíritus de esos círculos tan narices paradas y delicadotes de la Literatura estadounidense a la que te dedicas, sin abandonar ni un ápice la dominicanidad. Que admiras a Morrison e inhalas de las letras inglesas, no importa: nadie puede quitarte ese origen embrionario que tienes; nadie puede pretender despojarte de tu dominicanidad, aunque sí, estoy de acuerdo, pueden reclamarte como ciudadano del mundo. Ganaste el Pulitzer. ¿Buen augurio? Excelente augurio. Eres esa mezcla de lo nuevo con lo fresco; eres nuevo. Cuarenta añitos, con esa cabeza de bola, ese candado entornando tu rostro de adolescente criollo, esos lentes de estudiante de química y ya compartes la gloria de troneras como William Faulkner, Ernest Heminway... “The Brief Wondrous life of Oscar Wao”, novela seminal y primigenia te catapulta: diablos, ¡cuánta grandeza! Con esa carita de niño consentido, despreocupado, como si los años que pasaste comiendo arroz con habichuela en Nueva York te hubiesen aprovechado. Claro, nadie puede negar que también comiste Corn Flakes. Lo bueno de tu parte es que nunca has ocultado tu origen, con eso te anotaste un tanto. Siempre he dicho que los espíritus elevados sobresalen por necesidad, por simple ley de la gravedad, llega un momento en el cual se rompe el cascarón y el universo que llevas dentro no cabe en este mundo real con tan pocas glorias y tan pocos ratos agradables.
Junot, nuestro pueblo no tiene más que reverenciar tu trayectoria, ¿me excedo?, no. Mucho se habla y se cacarea de los dominicanos que incurren en el crimen como forma de vida, en República Dominicana y en el exterior, los diarios y los noticieros repiten, reciclan, vomitan hasta el hastío, culpan; es entonces, hasta justificado que se exalten los valores, las aptitudes y la trascendencia de alguien enraizado aquí, made in Dominican Repúblic. ¿Qué harás ahora Junot?, debes tomarte unos días para asimilar la magnitud de la hazaña. No es poca cosa. ¿Hay un nuevo sendero en la Literatura Dominicana?, ¿cuáles son los nuevos paradigmas a seguir en el arte literario en una sociedad en la cual las corrientes llegan siempre cuando decaen en otros lugares? Junot, eres ese paradigma. Creo que también lo es Marcio Veloz Maggiolo, el novelista consagrado a quien no le ha temblado el pulso a la hora de crear, de experimentar nuevas rutinas o por lo menos formas narrativas contrapuestas a la linealidad de las tramas clásicas de ficción. ¿Eres el relevo?, más que eso, la continuidad y la exacerbación: afloras de manera impactante. Apareces con los callejones, con los pobres jodidos de los ghettos neoyorquinos, con los pobres jodidos inmigrantes, que han salido de sus naciones buscando la comida y los chances que no encuentran en sus solares nativos y te lanzas con ese spanglish de nuevo cuño, ese lenguaje rebelde que es rebeldía novedosa, rebeldía vieja, dejando de lado la mala literatura basada sólo en la construcción de palabras soeces, descerebradas; en tu caso la diversidad es un concepto fresco, ágil. Tu novela ganadora del Pulitzer “The Brief Wondrous life of Oscar Wao”, es un reconocimiento a la perseverancia, porque según has dicho tú mismo, nació de un texto largo como culebra que intentabas vertebrar, que te produjo insustanciales horas de tedio, hasta que, surgió la luz: nació Oscar Wao, degeneración al dominicano del texto de Oscar Wilde “La importancia de llamarse Ernesto”, fue un estallido de luz. Junot te aseguro que en República Dominicana se espera con ansias la traducción al español de la ganadora del Pulitzer, a obra de ficción, unos por moda, por tener de qué hablar aunque no lean ni mierda de la misma y otros, bueno, también los que desean leerla, entre los que me encuentro, por supuesto. Felicidades, dominicano.

28 marzo 2008

Uno de mis cuentos en Vetas

La Revista Vetas, la más persistente y me atrevo a decir que prestigiosa publicación cultural dominicana, me ha distinguido con la publicación del cuento de mi autoría “El Dragón sobre su cuello”. Es una gran distinción, porque Vetas, desde sus modestos inicios, supo que llegaría a un mercado pedregoso y duro, repleto de obstáculos para un esfuerzo de índole intelectual, en un país, donde la mayoría prefiere beberse dos o tres frías-lo que tampoco condeno, por Dios- a sentarse en una banqueta a darse vida con un buen libro. De Clodomiro Moquete, su director fundador, un verdadero promotor de los valores literarios y culturales, me sorprendió, cuando supe de él y de su estilo, la sencillez y el sabor a pueblo que impregnaba en cada uno de sus comentarios. Para mí es un honor compartir espacios en esta edición, con escritores como Junot Díaz, Manuel Salvador Gautier, Jaime Tatem Brache, Floriano Martins y el selecto grupo de narradores, poetas, ensayistas que colaboran en sus páginas. El cuento “El Dragón sobre su cuello”, pertenece al libro inédito de relatos, “Cuentos de Vapor y de Sombras”, que espero publicar en los próximos meses. Este comentario no puede ser amplio. Me interesa que puedan compartirlo, y disfrutar la calidad de Vetas, a la que pueden entrar, en su versión digital, a través de este link:
http://vetasdigital.com/

Muchas gracias a Vetas.

Néstor Medrano

19 marzo 2008

TORBELLINO DE HIELO

Néstor Medrano



Descubrí algo en el silencio después de la lluvia
una voz que retozaba en el pasillo:
Se repetía en ecos
volaba despacio y transparente: lejana y fugaz.
Podía seguir los latidos del viento si así lo quería
o perderse en las brumas si el clamor del odio
profanaba su quietud
descubrí: un vapor exhalado
una pizca de llanto y dos o tres sollozos
cuando dejó de llover.
Descubrí la soledad
su punta de lanza destacada en una esquina del aposento:
el perfume desalojado del recuerdo
a cuello de mujer: a labios de un carmín
de brasas encendidas
que quemaron en torrente, alguna vez
esa humanidad que fue mía y fue tan tuya y fue de ambos
y fue del estrépito y fue del silencio y fue del bramido
y fue de la luna y de la explosión.


Descubrí otras veces
que en los residuos de lluvia había residuos humanos
de labios mordidos, pieles revueltas: océanos y devastaciones.

Que de un simple gemido
nacía la cascada: aguas diáfanas y sin control
habitantes de espuma que se derretían: como las
gotas de lluvia sobre el espacio sereno de tu vientre
todo escrito en el silencio
entre montañas de sudores agridulces
lamidos y escarceos de alas doradas: labios y cuerpos
embebidos, en el viaje sin retorno de los ecos.
Descubrí algo en el silencio después de la lluvia.
Además de una voz que retozaba en los pasillos
un coro de sonidos y de risas y de caricias
y de recuerdos de un hoy que fue ayer.
Descubrí la soledad
su vestido negro y sus dedos alargados por el frío:
sus inmensas extensiones de delirio y casi un universo
de paredones macizos de hielo.
Es en la lluvia con su cortina transparente
donde se esconden los últimos instantes

de la memoria fluida:
en sus gotas gruesas que cayeron sobre
tu cuerpo y penetraron conmigo
mi humanidad y mi sexo
al paralelo perfecto de tu afirmación de mujer.
Es en la lluvia
donde fluye tu lengua rosada:
es en la lluvia
donde inicia el final y termina el principio
es en la lluvia
donde laten los cuerpos humanos: pernoctan,
se funden, tiemblan con un temblor del cielo
se escurren en el sudor derretido
o en las gotas de la lluvia que los succiona
lo demás
es un pequeño espacio:
mínimo
donde quizás
empezó el retorno de todas las cosas: la noche,
el día, las madrugadas: semanas y meses
lo demás
es un pequeño espacio:

mínimo
donde concluyen las formas de tu cuerpo;
donde confluyen los líquidos de mi cuerpo;
y se erosiona la tarde con su sol y su luna
para transformarnos en un trazo
de alguien más.
Y la lluvia
que nos define desde el principio del tiempo
también nos inunda con su ruda intensidad
nos habla:
nos explica:
nos explica que ambos estuvimos juntos:
que juntos bebimos tragos de un néctar
¿era vino?
Tal vez whisky, ¿qué más da?
Y nos empapó en el encuentro
sulfurados de pieles calcinantes
concentradas en esa fábrica humeante
tan unidos que sólo pudo deshacernos
el sol.





Y la lluvia
que fue confidente humedecida
y reinó en universos de quejidos
de posiciones enfebrecidas y mortificantes
desesperada porque terminarían
y rompimos relojes y cronometramos el tiempo
y pedimos prestado un espacio:
para dedicarnos a imitar a Dios
en el proyecto de sentir y vivir
morir y resucitar
la más perfecta historia de amor.

Descubrí algo en el silencio después de la lluvia.
Una voz que retozaba en el pasillo.








En uno de esos momentos quise escribir
recordar cómo eran las cosas antes de ser:
estabas tú, estaba yo, estaba la lluvia: semilla
germinal. Estuvimos ambos en una esquina
espejeante: unas cervezas, unos Marlboro
un lecho grande, tan grande como el sol.
Peces que aleteaban
aves que nadaban
brisas que soplaban
y luego, otra vez
la lluvia.
En uno de esos momentos quise escribir
dibujar algo jamás dibujado: que cobrara vida
y desbordara el Canal de los Vientos:
algo que humedeciera un poquito
los rayos del sol.





Quise escribir como escriben los jinetes
cuando quedan desprovistos de caballo
y deben cabalgar los horizontes
con la imaginación
imagina: una torre de lluvia, de columnas de lluvia
con ríos de lluvia, columnas de lluvia
con ríos de lluvia: imagina.

En uno de esos momentos quise escribir
embarrar de mí y de mi aliento
la espalda de la lluvia con su obsesión
de más lluvia: vino, tragos, amor.
Y la lluvia se hizo gotas: ardores selectos
y calores azules sobre el lomo de la noche mojada:
cortinas que se mueven, se agitan despacio
con la brisa que también enloqueció con la lluvia.
Descubrí en el silencio después de la lluvia:
descubrí que mis huesos, mis miembros y mis dedos
ocupan un minúsculo espacio en el universo:
que tus ojos inflamables hechizan con esa mirada
gris







También de lluvia: que tus labios se adhieren
como un bocado fresco de medianoche
y comparten ese nuevo cosmos que luego se involucra
un mensaje genital de adoración y perdición
y ansiedad y desesperación y aullidos y
dolor y lascivia:
también el sol nos abandonó al olvido.














Entendí de una vez
que sólo somos partículas:
espacios habitados
y fragmentos: un polvillo cósmico con fecha de caducidad
simples cuerpos inertes o
con cierto movimiento
cuerpos, quizás astrales cuerpos,
que se integran al todo inexistente.
Entendí de una vez
que sólo somos materia con un destino de extinción:
vientres repletos de cosas descompuestas
e inspiración para alguna canción.
Entendí
que la lucha por estar a tu lado: mujer infinita e incorpórea
es una vieja lucha desbordada
de sueños y alegrías o risas y fantasías
un empalme de carne y orgía.


También entendí
que un hombre fuma su cigarrillo, bebe su trago de ron
muerde mejillas y frota pezones: se resiste a la embestida
al calorón del sexo y los instintos.

Uñas, carnes, dedos: que la humanidad se hace infinita
y degenera en otro tipo de humanidad,
se agrede a sí misma y se marchita la piel.
Entendí que jamás pudimos ser ambos
en aquellas noches azules.
Que el pensamiento mutuo
se ensombrecía con los bajos instintos
jamás soporté
esa desnudez que te dibujaba de blanco
y cobraba nuevas formas en tu piel
que dibujaba tus senos
perfectos: de mujer
delineados; subliminales: sedantes
pezones rosados
vellosidades







el pubis mágico de la adoración
la herida del cielo
el dulce aroma de mujer.
No la soporté
porque desbordaba los límites
de la cordura
tu desnudez: cavidades y humedades:
líquidos astrales vinculados a los tiempos
y la locura de tomarte:
desde el principio
hasta el final
desde tus labios
hasta la parte
que te distingue como mujer.






Y fue
como un ciclón de sábanas movedizas:
una reacción
la llama agridulce del pecado.

Y fue
una sinfonía sin tiempo
ni orden ni dirección
dibujado tu cuerpo
que ya no era tu cuerpo
era el paraíso maldito: origen de la desgracia
senos perfectos y erectos
vulva humedecida y voraz
cuerpos doblegados a la luz de la luna:
coito, amor
sexo edulcorado y fluvial.
Dibujado tu cuerpo
que ya no era tu cuerpo
era el paraíso maldito: evolución
vaporosa del día y el amanecer.


Descubrí la soledad
exhausto
cuando me envolvió
o me ahogó
el líquido sin nombre
que nos lanzó a una suma de silencios.
Y fue
un rayo de oscuridad sobre mi conciencia dormida:
¿Puede el sexo resumir el origen del universo?
Sus senos: delineados, perfectos.
Figuran un avance del cielo...
Y fue
cuando amarramos nuestras bocas
y sentimos el temblor del cielo:
la lubricación del espíritu
los cuerpos enardecidos.

Y fue
cuando se desorbitaron tus ojos
al tocarse tu vulva y su miembro
y entender, luego de un orgasmo
de dioses
que ambos somos: hombre y mujer.

12 marzo 2008

UN DESCUBRIMIENTO


Poco me gusta hablar de política en esta bitácora. Es que creo que su naturaleza es eminentemente literaria, pero hay hechos, hay situaciones que desbordan nuestras propias expectativas.


¿Cómo no hablar bien del presidente Leonel Fernández? ¿Me tildarán de inclinado hacia un partido específico? Si todos los días hubiese un esfuerzo de resultados inmediatos, como el que significó la salida pacífica a un acontecimiento tenso, que tenía crispados los ánimos de la comunidad internacional, por el conflicto entre Colombia y Ecuador-una incursión militar cuestionable realizada por grupos militares antiguerrillas colombianos, cruzando límites fronterizos y dando muerte al segundo de las FARC, Raúl Reyes-, con una concatenación de reacciones de parte de Rafael Correa, presidente ecuatoriano ofendido en la dignidad de su soberanía nacional, que siempre debe ser innegociable; contra un obstinado Álvaro Uribe, que no reconocía ni por el diablo que estaba en falta y luego las rupturas diplomáticas de Nicaragua y Venezuela con Colombia, hacían de la reciente cumbre celebrada en mi país, un polvorín que en cualquier momento estallaría, por la presencia inevitable de los protagonistas esenciales de ese juego de poder. Leonel Fernández logró calmar los ánimos.


Si resaltar esa labor que ejerció el presidente Leonel Fernández me llevará a situarme como uno de sus partidarios, no me queda otra: lo acepto. Es que en la cumbre estaba el representante de la Organización de Estados Americanos empotrado en su sillón, a ratos adormecido y moviendo su cabeza, quizás un poquito anestesiado por las largas intervenciones de los presidentes, entre bostezos furtivos, a veces y otras públicos; a quien vi consultando a otros mandatarios, fraguando entre animosidades alteradas, con la moderación que luego hasta cadenas internacionales de noticias no muy fieles a Fernández reconocieron, fue al jefe de Estado dominicano, que como anfitrión, supo jugar su papel.


Las mezquindades no pueden enceguecernos. Mi juicio no está nublado por el chantaje de lo que digan los otros: estamos en plena campaña electoral y hablar bien o mal de un candidato, es considerado-vaya jodida mala leche-, tomar partido por uno de ellos. Leonel Fernández no actuaba como candidato político nominado a la Presidencia por su partido; aunque la coyuntura sea propicia y sus estrategas son buenos, pueden explotar esa nueva situación. Fernández actuaba como jefe de Estado de la nación que albergaba a los colegas extranjeros enfrentados y muchos habían apostado al fracaso del cónclave. Pero, como dicen los vendedores y los planificadores en las ventas, se trata de un asunto de resultados. Seamos francos, tampoco somos locos, Nicaragua y Venezuela restablecieron sus relaciones diplomáticas de inmediato con Colombia. Por supuesto, el apretón de manos, las sonrisas espontáneas, que en ningún momento cruzaron por el rostro de Correa, no significaron la consumación total del conflicto: ni que Dios hubiese descendido ese día hasta el hotel Santo Domingo. Sin embargo, la tensión fue quebrada. No es cierto que sólo Álvaro Uribe haya ganado, si bien su acto fue reprochable, al fin de cuentas quiso firmar ese acuerdo tácito de buena voluntad que desde Santo Domingo, impulsó un hombre moderado, de inteligencia ya demostrada, cualificado para gobernar y cuyo comportamiento de estadista y manejador de grandes crisis, quedó más que evidenciado. Todos sabíamos de Leonel Fernández. Nadie ha hecho ningún descubrimiento: es un líder, ahora con proyección internacional. Ya sabíamos de su presencia sobresaliente en foros internacionales, en otras cumbres, en otros escenarios. Otras cumbres teóricas, de firmas y sonrisas protocolares, es más, de jodidas buenas intenciones, pero de jodidas buenas intenciones está alfombrado el camino al infierno. Lo de ahora no tenía precedentes en esta área del mundo: Colombia es un país importante, con niveles de violencia, contaminación del narcotráfico, lucha eterna contra una guerrilla imbatible; asesinatos, ejecuciones y una política de cero negociaciones con los terroristas, que es el calco de los Estados Unidos. Venezuela, salpicada por el barro del conflicto por viejos traumas, incluso relativos al secuestro de una ex candidata presidencial, en la cual Hugo Chávez ha querido mediar: son problemas contundentes. Correa, como Daniel Ortega, forman parte de ese eje político e ideológico bajo la sombra del gobernante bolivariano. ¿Que pueden considerar estas reflexiones un mero ejercicio de apología hacia Leonel Fernández? En esas condiciones, pueden afirmarlo. Creo que, independientemente de los buenos resultados de esa reunión de líderes internacionales, de los prejuicios contra Chávez, Uribe, Correa, y en República Dominicana, contra Leonel Fernández, no cabe dudas de que, gracias a su esfuerzo, alguien, nos consideró: la capital de la paz.


NÉSTOR MEDRANO

29 febrero 2008

Combinaciones


Me decido por escribir cualquier cosa a mantenerme callado. Callado no puedo estar. Mis amigos muchas veces se asombran de mi capacidad de parlanchín, de hablar si no mucho, por lo menos con la suficiencia de aquellos seres que evitan la soledad a toda costa. Puedo hablar durante horas mientras trabajo, al grado de que a veces mis compañeros me vociferan, imitando al gran rey Juan Carlos de España, el ya famosísimo ¿por qué no te callas?, por supuesto, ni yo soy Chávez, el presidente venezolano, ni ellos tienen rasgos puros de nobleza a tal extremo. Sin embargo, en este maratón de ideas superpobladas, prefiero escribir a tener que hablar. No es que sea un fenómeno en la escritura, pero, al menos intento escribir y borrar uno que otro párrafo cada día. ¿Por qué escribir? Me pregunta Néstor el chiquito de vez en cuando, auscultándome para ver si hay alguna variación en mis respuestas, intrascendentes, entonces quiero decirle, que la gente respira porque tiene la necesidad, digamos que más o menos vital, de respirar imperativamente para poder vivir. Eso es casi lo que siento al escribir. Una fuerza liberadora. Vaya, eso suena a cliché, pero al diablo. Otra de mis aficiones es la de escuchar música. No soy muy exigente en ese aspecto-hasta he escrito sobre las calidades y los alcances del merengue de calle, que es mucho decir y que en las últimas semanas se ha convertido en un temita de incendios forestales entre los gurús de la farándula y el cotilleo vernáculos-, pero no diré mis preferencias, como decía una muy querida amiga mía, que por cierto me lanzó al olvido quizás aterrorizada porque medio embriagado le declaré mi amor y quise que bailara pegadita conmigo, mientras la halaba ella me apartaba, uno no debe dejarse ver el refajo. La costura decía ella. Si le digo a Néstor el chiquito la verdad, entonces me considerará un joven fósil que se morirá de inanición y los chicos de 13 años de ahora, saben más que el lápiz. A veces he querido confesarle, mientras me encuentro inundado de páginas borroneadas sobre la mesa, en mis horas de descanso oficial, que son las que puedo usar para practicar Literatura, que escribo y guardo para ver si un día se hace la luz en este mar de apagones, donde comprar un cidí de El Lápiz es más importante que leer una novela de Saramago. No puedo mantenerme callado. Hacerlo es lo mismo que pedirle a Santa Claus en Navidad que salga sin el uniforma rojo que las imágenes norteamericanas, el cine hollywodense y los muñequitos- cartoons- nos han mostrado desde hace años. Es una necesidad imperiosa. Es lo mismo que comer al mediodía, o fumar un cigarrillo en horas de la madrugada mientras leo-en mi caso releo-la vieja clásica de la Mafia El Padrino, en la que Mario Puzzo hace un retrato profundo de la maquinaria del bajo mundo de los años 40 en Nueva York. El ejemplo es ese. ¿Por qué leer esta novela de narración clásica, de largo aliento y que nos relata tantos episodios de muertes funestas, tanta competencia desangrada y tanto férreo imponerse, sobre otros, cuando podemos evitarlo y consumir algo más Light, de menos valor literario como la novela de... ¿creen que soy idiota? Escuchar a Bob Marley, por ejemplo, o a John Lennon, o a Ricardo Arjona, un sábado de sol después de la lluvia- diablos, qué se ha hecho ese libro de relatos de Roberto Marcallé Abréu-, es complacerme a mí mismo, autocompensarme por los merecimientos que yo mismo creo que alguien debe reconocerme y nadie aparece para hacerlo. Pero quién nos ayuda en estos momentos. Creo que podemos confiar un poquito en la providencia, en Dios, para que no me malinterpreten, y en esa tesitura-como dicen los teóricos del patio- seguir escribiendo hasta que nuestros pulmones aguanten.

11 febrero 2008

Para joder un chin la paciencia


Reanudar un diálogo siempre resulta algo difícil, sobre todo después de permanecer unos días en la tranquilidad desconcertante del ocio, que, luego de analizarlo bien, no se trató de ningún ocio, pues en los días en que estuve fuera del aire, escribí, escribí, escribí y leí incansablemente, lo que implica un esfuerzo, que de algún modo nos aleja del consabido y nunca real descanso.
Al hablar de estar fuera del aire, me refiero, por supuesto, a un breve y muy apetecido tiempo de descanso, fuera de las lides del periodismo nuestro de cada día, explorando el placer de perder la paciencia con las travesuras del Néstor chiquito, de bailar uno que otro merenguito, y hasta su reguetón- dos traguitos siempre acomodan cualquier posibilidad-, en rápidas y muy nocturnas excursiones por discotecas citadinas, cuyos nombres no revelo, por no pagarme derechos de publicidad.
Juro que no sólo me empapé de Literatura. También de Ricardo Arjona, de Franco De Vita, y una de esas noches y gracias a un amigo- que se dice de sí mismo ser un oráculo, cosa que no dudo, me remonté a una época irrepetible apreciando a ese poeta que fue universal, John Lennon.
No fueron simplemente apreciaciones intelectuales. Aunque lo que escuchaba tenía sus rasgos: desde el complicado proceso de elecciones primarias de los partidos demócrata y republicano de Estados Unidos, pasando por la embestida del béisbol con los aletazos triunfantes y después en declive de Las Águilas Cibaeñas y el resurgimiento- ave fénix centenario, de los Tigres del Licey, equipo capitaleño que perdió el campeonato nacional para alzarse con la Serie del Caribe. Caro fenómeno de los procesos ininteligibles del destino.
También escuché, muerto de risa en ocasiones, el trascendental debate que se ha desatado con el rabioso y sonoro merengue de calle. Un verdadero tema de moda, que merece la atención de los sociólogos y los entendidos en el estudio de la conducta humana. Ese “género musical” fue dejado fuera de las nominaciones de los premios Casandra: la ventisca ha alborotado ese mundillo, a veces cenagoso, pero espectacular y de más luces que sombras de la farándula: yo, me declaro un seguidor impenitente de la farándula, la nacional, la hollywoodense, la europea, así como el cotilleo de los españoles y la rispidez mortífera de sus hacedores. ¿Por qué no Omega? ¿Por qué no, Tulile? ¿Por qué no Silvio? ¿Por qué no los estribillos callejeros, hijos de las calles y de nuestros barrios bañados de miseria? Uno no descubre el merengue de calle-concuerdo en llamarlo merengue urbano- al sentarse a escuchar una de esas piezas sencillas y risibles leyendo un libro o almorzando al mediodía en la paz del hogar: no. El merengue de calle se disfruta en una discoteca, en el fervor caluroso de la gente, en los centros de diversión nocturna. Mis vacaciones también sirvieron para eso. Para escuchar los pro y los contra. Para decirme a mí mismo que Johnny Ventura tuvo su tiempo de merengue de calle; para decirme a mí mismo que del mismo modo Wilfrido Vargas, u otros merengueros.
Creo, porque vine de vacaciones y me gustaría joder un chin la paciencia, que me siento tan dominicano al escuchar la más alta expresión de la música popular dominicana, significada en Juan Luis Guerra, que al oir los redobles de Omega...


Néstor Medrano

14 enero 2008

Chaíto pues



Después de un año de intensas actividades profesionales en todos los ámbitos, informo a mis queridos lectores que haré un receso de alrededor de dos semanas, en el transcurso de las cuales este blog no será actualizado.


Sin embargo, sugiero algunas lecturas para estos días, dos novelas, ambas premios Alfaguara, una la de Luis Leante Mira si yo te querré, 2007 y la de Xavier Velasco, Diablo Guardián, 2003. Las dos constituyen dos joyas de la Literatura actual.


Néstor Medrano

09 enero 2008

Bosch: poesía, Neruda


De mi libro inédito: El Rastro Literario de Juan Bosch

Juan Bosch fue un cuentista. Como cuentista creó una obra que, aunque se perfilaba de gran contenido social, cuidó de no inmiscuir en sus argumentos, elementos “militantes”, como lo hizo en su poesía ideológica, Pablo Neruda.
En sus cuentos están latentes la vivencia rural y las vicisitudes y cotidianidades del hombre rural. Estas precisiones son quizás un preámbulo real de sustentación del siguiente razonamiento: Bosch fue un amante devoto de la poesía. La leía, incluso llegó a escribir algunos versos: tenía una preocupación social que no sabía cómo abordar poéticamente. Es por ello su satisfacción y su orgullo cuando comenta, en una entrevista que le hiciera Joelle Hullebroeck:
“Mira, yo tenía tanto estas preocupaciones que al presentar a Pedro Mir en la página literaria de Listín Diario, que yo escribía todos los domingos, en diciembre de 1937, pregunté: ¿será Pedro Mir el poeta social que espera el pueblo dominicano?”.
Presentó en la referida página literaria al hombre que más tarde se convertiría en el Poeta Nacional. Bosch admiraba a Pedro Mir, poeta petromacorisano de profundas convicciones sociales, manifiestas en su obra fundamental Hay un país en el mundo. Apostó por su sensibilidad y por su vena poética, porque Mir era esencialmente un poeta del pueblo. El Bosch literato vivía en sí la poesía en su significado sustancial más determinado en su ascendente originario de “poiesis”, que se cierne sobre el concepto de la creación literaria más amplio. De allí su admiración por el chileno Pablo Neruda, a quien conoció en Cuba, a través de otro poeta emblemático, Nicolás Guillén. Lo conoció en 1941, cuando el cuentista latinoamericano radicaba en Cuba. Vivía en la calle Jovellar, situada entre la Habana y el Vedado.
Bosch quedaría maravillado cuando la noche del día que ambos almorzaron juntos, el chileno leyó, en el ayuntamiento “Canto General a Chile”, un libro que al decir del autor de La Nochebuena de Encarnación Mendoza, “estaba ya a mucha distancia de Crepusculario y Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Su afinidad con Bosch estimuló al poeta a dedicar su composición Versainograma a Santo Domingo, al hombre que además compartía sus labores literarias con escritores e intelectuales cubanos.
Para él, la grandeza en la creación de Neruda estaba en la riqueza de su expresión. En ese vasto campo del conocimiento de los horizontes y la Literatura; Bosch no era ajeno a ninguno de los temas, corrientes y parámetros de la preceptiva, la creación y la Teoría Literaria. Por ello conoce a los autores y explica los pormenores de su quehacer: estaba de acuerdo con Neruda en utilizar la Literatura, vaya la armonía, “como una verdadera arma”. En ese contexto manifestaba que su Canto General o su Canto a Stalingrado, son ejemplos de esta apreciación.
“La gente sigue peleando por eso y mucha gente se hizo comunista en América Latina por los versos de Neruda”, cita en entrevista aparecida en el libro Actas y Documentos del Encuentro Internacional de Escritores Pablo Neruda, de septiembre de 1983, bajo los auspicios de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Juan Bosch visualizaba al artífice chileno como aquel poeta, precedido por César Vallejo, cuyos aportes a la poesía hispanoamericana fueron en el aspecto político.
“Neruda había alcanzado ya el dominio de la libertad poética, cuando empezó a escribir poesía política y aplicó a ésta aquella libertad en la que había formado su técnica poética”, decía.
El autor de Camino Real se cuida, por supuesto, de no teorizar en el ámbito de la poesía: cuando alude a ese género opina, se expresa, pero no teoriza, como hace con el cuento, aunque herramientas no le faltan y sin que se tratara de la admisión de limitaciones al respecto, porque no se sentía una autoridad en esa materia.
Para él, un literato preocupado por el estudio y la lectura de la teoría, historia y evolución del cuento, los géneros literarios más próximos- y quizás resulte paradójico-, son el cuento y la poesía, lo que entendía, no acontecía con la novela. En esta creencia, Bosch preconizaba que el temperamento del novelista es más frío y calculador que el del poeta y el cuentista. Él se consideraba un esteta, su atención se fijaba no en la forma en que el escritor utiliza las palabras, sino en la belleza propia dicha o significada por un autor.
“Si te pones a leer a García Márquez, por ejemplo, páginas independientes, sin que veas el desarrollo de los hechos, su lenguaje no tiene ningún brillo. Lo que tiene gracia es la cosa que dice”, decía para validar sus creencias, sin que esa explicación implicara un denuesto al novelista colombiano, Premio Nobel de Literatura, que alguna vez fuera su alumno.
Como teórico del cuento y amante de la poesía se atrevía a plantear que en su caso, en el cuento lo más importante no es la forma sino la acción. La acción lo presupone todo y porque es un valiosísimo narrador no puede suponer ni sustentar otra cosa.
La pasión nerudiana de Bosch no era casual. También la tenía Pedro Mir, quien dedicó al vate chileno una de sus obras más significativas, representativas y enérgicas: Huracán Neruda. Decía el poeta dominicano, sin embargo, que su pieza así titulada no tenía nada que ver con Neruda. “No es una búsqueda de Neruda. Es un poema destinado a destacar el papel de Neruda en la vida contemporánea, su papel como hombre, el cumplimiento que todo hombre debe tener con su época”. A Neruda también lo admiraba la gran poeta criolla Aida Cartagena Portalatín, quien confesó haber leído como obra primaria del poeta socialista “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Neruda poseía criterios similares a estos literatos criollos, incluso la misma autora de Escalera para Electra, dijo que a él no le gustaba Santo Domingo, pero que compartía el sufrimiento del pueblo dominicano en aquella era fatídica que representó Rafael Leonidas Trujillo. Neruda padeció en carne propia la experiencia del exilio.
“No le gustaba, le preocupaba Santo Domingo, porque aquí había un régimen que era la tiranía más grande que había en ese momento en América” Diría Cartagena Portalatín.
La pasión nerudiana de estos escritores fue más bien pasiva y circunstancial, lo que no ocurrió con Juan Bosch. El autor dominicano, con una mayor dimensión en el ámbito internacional, incluso su grandeza llegaba a niveles trascendentales si tomamos en cuenta que el novelista venezolano Rómulo Gallegos, le pidió que prologara sus obras completas y Bosch se negó.
Conoció a Pablo Neruda, porque Neruda, en visita a Cuba, quiso conocerlo y lo hizo a través de Nicolás Guillén. Quiere decir que esa parte de la obra y la biografía, así como la tradición literaria “Boschista” es casi desconocida en su país. El autor de El Socio, Dos Pesos de Agua y Luis Pie, a veces también escribía versos, como aquellos que compuso como una obra musical y que están recogidos en el libro Memorias de don Juan, del profesor Luis de León:
Músicas
Esa música antes: clave del sol al irnos
(murmurar de arroyuelos y susurrar de pinos)
y la música de hoy: fusa en clase de fa
han sido como un grito de asombro al despertar.
Otros versos como “Romance del retorno triste”, que Bosch dedicó a la memoria de su abuelo Juan Gaviño, inician evocando una tierra:
San Francisco, frente al cerro:
la tierra de sed se muere.
Por el camino pelado
van meciéndose dos bueyes.
En este ensayo no se pretende calificar la calidad de esos versos, sino plantear que en Juan Bosch se codificaba toda la multiplicidad literaria de un artista integral, que sin embargo conocía sus limitaciones, no porque lo haya admitido, sino porque así lo expresa en su producción narrativa y ensayística. Esa arteria poética le fluía, y posteriormente, preso en la Torre del Homenaje de la Fortaleza Ozama escribió La Gaviota, una criollada cuya música le fue armonizada por Julio Gautreaux.
El literato Bosch era un observador joven y contemporáneo de los grandes poetas, aunque sus preocupaciones estéticas más entrañables no estaban en la búsqueda de la verdad poética. Su búsqueda se circunscribía a la verdad del cuento cuando logró manejar sus técnicas, consolidado y reconocido en ese ámbito, se externaron preocupaciones vinculadas al conocimiento sociológico y a la realidad dominicana y latinoamericana.
En sus narraciones emblemáticas como Dos pesos de agua, los Amos, el río y su enemigo, e incluso La mancha indeleble, subyace un fondo poético-narrativo que, por el tratamiento del autor a sus temas, quizás pase inadvertido y como ha pasado con gran parte de los cuentistas dominicanos, éstos han sabido salpicar sus obras ficticias-narrativas, con el aura poética: “Mi abuelo era un hombre adusto, hecho al silencio majestuoso del campo. Alto y flaco; calvo, amplia la cara; tostado el color...la nariz roma, alta y grande, cobijaba una boca ancha, fina, regularmente encogida por cierto uestecillo agrio”. En esa fracción descriptiva de su abuelo, Bosch deja derramar una vez más su ascendencia poética substancial, que matiza de la forma siguiente:
La cara del abuelo denunciaba la intensa vida
interior de aquel silencioso...”.
Créase o no, el cuentista era capaz de llenar de belleza rítmica sus creaciones narrativas, lo que se hace constar en el retrato que dibuja a pulso, de su abuelo. No hay forma de separar la poesía intrínseca de algunos de los textos narrativos de Bosch y no por modismos o clisés de una función extraviada del cuentista que no puede escribir poesía, sino por esa misma concepción social que él veía en la Literatura.
Tanto en sus escritos laudatorios sobre el Poeta Nacional, Pedro Mir, como en sus planteamientos estéticos formales, Juan Bosch vertebra una aspiración trascendental por la poesía. Aunque ese aspecto no haya sido tomado en cuenta nunca por sus biógrafos que, como Euclides Gutiérrez Félix, historiador, articulista de larga data y otros, mantuvieron un fervor mayor, por el deslumbramiento político, que por sus luces literarias.
El tema de este trabajo, sin mayores ambiciones, es la proyección sensible de Bosch en el espectro de la poesía, porque aquellos eran tiempos de ideologías, de sacudones de la conciencia política y de la lucha de los pueblos por afirmarse entre embestidas sociales, como lo fueron las dictaduras. El mismo Bosch admite que no sabía cómo abordar la problemática social, a través del poema, como o hicieran Peblo Neruda o Pedro Mir. No podemos olvidar que el trabajo literario de Bosch estuvo conectado con una realidad de anhelos en el exilio, de vivencias y de reflexiones que sólo después pudieron contener Martí y Hostos. De ambos se nutrió. Ambos tenían en común con él dos aspectos vinculantes: la poesía y la dominicanidad. ¿Poesía? ¿Anhelo? Eugenio María de Hostos era un maestro del cual el artífice de la Mañosa se sentía discípulo, e incluso, compiló y organizó su obra. El trabajo fue arduo, el pensamiento de Hostos lo irradió, hasta el puntro de que se trasladaría a Cuba para dirigir los trabajos de edición de las obras completas del maestro antillano. Como dice en su biografía:
“ En la obra de Hostos, confesó Bosch en múltiples ocasiones, encontró una nueva y definitiva motivación de su vida como intelectual y patriota” (Juan Bosch, colección Biografías Dominicanas”.
La labor de Eugenio María de Hostos, dicho sea de paso, sirvió para fomentar un sistema educativo sin precedentes en República Dominicana, que luego fue abortado por los pérfidos accidentes históricos que ha vivido el país. José Martí, poeta y prócer libertaria de la historia libertaria de Cuba, siempre tuvo la deuda de gratitud con el dominicano Máximo Gómez, controversial libertador que se opuso a los intereses de su propia patria, pero que supo luchar por la patria vecina.
“El caso de Martí, como expresión carnal de la forma solapada pero firme como trabaja la Historia es de los más complejos y curiosos que pueden darse. Había nacido con la sensibilidad necesaria para ser, como lo fue, uno de los más grandes poetas y tal vez el más grande escritor de su habla en el siglo XIX...” , escribió Juan Bosch.
No se trata de un sentimiento por la Poesía per se, únicamente Bosch poseía la conciencia de saber que ese género de la Literatura, difícil y conciso, había servido de plataforma a hombres forrados de grandeza para canalizar las preocupaciones de la colectividad.



Néstor Medrano

07 enero 2008

Entre Arjona y Ana Belén (balada roja en azul)

Escarlett, todavía somos ambos

Lo que creo es que te preparas para tomar el cigarrillo, incrustarlo entre tus dedos delgados y hacer esos ademanes que te dan tanta finura, tanta compostura; digamos, tanta mágica belleza.

Te sentarás en el balcón solitario y allí te explayarás en silencio y a punto de beber del trago que espera en la copa...¿ es whisky o vino blanco? No puedo saberlo desde este ángulo, pero, puede ser champagne si aprecio la dulce mueca de tus carnosos labios rojos, que se deleitan, al beber, al fumar, al gesticular... y tu mirada.

Tu mirada a veces es húmeda, distante y cercana a la vez, porque está mediatizada por el pensamiento... y Ricardo Arjona canta con la voz sudada...dime si él te conoce la mitad, dime si él te ama la mitad de lo que te ama este loco, que dejaste en libertad... y echas hacia atrás la cabeza y tu cabellera cae como cascada fragante, tu cuello desnudo revela la superficie de una piel tersa, un camino de carne hacia la bifurcación de tu pecho: el pecho donde afloran tus senos que se estrellan contra el vestido y quieren atravesar la tela, con la perfección de esos pezones, ocultos, locos por pertenecer a otra voluntad que no sea la tuya, para iniciar desde ahí el tránsito indescriptible, la ruta hacia el amor.

Buscas en la explanada que conduce hacia el Alcázar de Colón los restos del sol desfalleciente, que agoniza como el día y te entra un mayor deseo por fumar ese cigarrillo que se gasta entre tus dedos, aspirar el humo y exhalarlo en cámara lenta para deshacer en él los pensamientos, los pensamientos que te convocan al olvido. Y te observo callada.


El vestido negro, de tela casi transparente, fino, dibujando tu cuerpo, el cuerpo que ansío y siempre he ansiado, el cuerpo de estrecha cintura y caderas moderadas, nalgas compactas y senos perfectos; el cuerpo sobre el cual pude comprender en ese pasado reciente de apenas unos días que el mundo es un sistema de códigos infinitos e indescifrables para las vidas sin inspiración, que puede transformarse en una sólida realidad de exudación, sudores y misterios. Me quedé tranquilo.

Tú, sospechabas de mi presencia en algún lugar, porque como yo, hueles mi presencia y puedes jactarte de ello, porque cuando estoy cerca de ti despido el deseo, despido la lujuria, despido el ser poseído por ti desde los pies hasta la cabeza. El deseo, ese enorme compuesto de ansias y apetencias. Me dejo descubrir y, veo que tuerces una sonrisa, ¿la obligas? No. Es una sonrisa pura. De advertencia. Y lanzas la copa sobre la pared que estalla hecha añicos y te lanzas sobre mi cuerpo que no resiste lo que no es resistible o es irresistible y tus labios se enlazan de mis labios, nuestras lenguas se buscan humedecidas por una marcha de reconocimiento, llueven como lluvia seca sobre nuestros cuellos, se convierten en mordidas y deletreo tus senos con mi boca, con sed de ti. Luego el estallido, el abandono, el amor, los sexos fundidos en el clamor de calores y gemidos...luego la gloria, la muerte, la vida.

Nosotros. Me sumerjo en ti que es cuando te sumerges en mí y nos buscamos en el fondo de ambos, como dijo Manuel Jiménez... en voz de Ana Belén, parecíamos dos irracionales, que se iban a morir mañana... y nos encontramos y nos distanciamos y pude saborear tu cuerpo, azucarado y casi fatal, energizante y casi mortífero, juego de pieles y de bramidos, entrada a tus humedades y tus divinidades, todo convocado en una madeja de besos y caricias ardientes que generan un nosotros, un destello electrizante y me hacen desencadenar en ti, como si fuera el hombre que, por primera vez, te hace mujer



Néstor Medrano

Entre Arjona y Ana Belén (balada roja en azul)

Escarlett, todavía somos ambos


Lo que creo es que te preparas para tomar el cigarrillo, incrustarlo entre tus dedos delgados y hacer esos ademanes que te dan tanta finura, tanta compostura; digamos, tanta mágica belleza.

Te sentarás en el balcón solitario y allí te explayarás en silencio y a punto de beber del trago que espera en la copa...¿ es whisky o vino blanco? No puedo saberlo desde este ángulo, pero, puede ser champagne si aprecio la dulce mueca de tus carnosos labios rojos, que se deleitan, al beber, al fumar, al gesticular... y tu mirada.

Tu mirada a veces es húmeda, distante y cercana a la vez, porque está mediatizada por el pensamiento... y Ricardo Arjona canta con la voz sudada...dime si él te conoce la mitad, dime si él te ama la mitad de lo que te ama este loco, que dejaste en libertad... y echas hacia atrás la cabeza y tu cabellera cae como cascada fragante, tu cuello desnudo revela la superficie de una piel tersa, un camino de carne hacia la bifurcación de tu pecho: el pecho donde afloran tus senos que se estrellan contra el vestido y quieren atravesar la tela, con la perfección de esos pezones, ocultos, locos por pertenecer a otra voluntad que no sea la tuya, para iniciar desde ahí el tránsito indescriptible, la ruta hacia el amor.

Buscas en la explanada que conduce hacia el Alcázar de Colón los restos del sol desfalleciente, que agoniza como el día y te entra un mayor deseo por fumar ese cigarrillo que se gasta entre tus dedos, aspirar el humo y exhalarlo en cámara lenta para deshacer en él los pensamientos, los pensamientos que te convocan al olvido. Y te observo callada.


El vestido negro, de tela casi transparente, fino, dibujando tu cuerpo, el cuerpo que ansío y siempre he ansiado, el cuerpo de estrecha cintura y caderas moderadas, nalgas compactas y senos perfectos; el cuerpo sobre el cual pude comprender en ese pasado reciente de apenas unos días que el mundo es un sistema de códigos infinitos e indescifrables para las vidas sin inspiración, que puede transformarse en una sólida realidad de exudación, sudores y misterios. Me quedé tranquilo.

Tú, sospechabas de mi presencia en algún lugar, porque como yo, hueles mi presencia y puedes jactarte de ello, porque cuando estoy cerca de ti despido el deseo, despido la lujuria, despido el ser poseído por ti desde los pies hasta la cabeza. El deseo, ese enorme compuesto de ansias y apetencias. Me dejo descubrir y, veo que tuerces una sonrisa, ¿la obligas? No. Es una sonrisa pura. De advertencia. Y lanzas la copa sobre la pared que estalla hecha añicos y te lanzas sobre mi cuerpo que no resiste lo que no es resistible o es irresistible y tus labios se enlazan de mis labios, nuestras lenguas se buscan humedecidas por una marcha de reconocimiento, llueven como lluvia seca sobre nuestros cuellos, se convierten en mordidas y deletreo tus senos con mi boca, con sed de ti. Luego el estallido, el abandono, el amor, los sexos fundidos en el clamor de calores y gemidos...luego la gloria, la muerte, la vida.

Nosotros. Me sumerjo en ti que es cuando te sumerges en mí y nos buscamos en el fondo de ambos, como dijo Manuel Jiménez... en voz de Ana Belén, parecíamos dos irracionales, que se iban a morir mañana... y nos encontramos y nos distanciamos y pude saborear tu cuerpo, azucarado y casi fatal, energizante y casi mortífero, juego de pieles y de bramidos, entrada a tus humedades y tus divinidades, todo convocado en una madeja de besos y caricias ardientes que generan un nosotros, un destello electrizante y me hacen desencadenar en ti, como si fuera el hombre que, por primera vez, te hace mujer



Néstor Medrano
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Acerca de mí

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Periodista, escritor, ganador del Premio Único de Poesía de la Centenaria Alianza Cibaeña de Santiago de Los Caballeros y autor de la novela infantojuvenil Héroes, Villanos y Una aldea, publicada por el Grupo Editorial Norma. Reportero del matutino dominicano Listín Diario.