25 marzo 2009

Joven mujer de edad indefinible




Néstor Medrano
Te he visto posar tu mirada sobre la mía, discretamente. Eres así de especial. Joven mujer de edad indefinible, te acercas y me dices, casi al ras del silencio, cómo estás. Te mueves con todo tu cuerpo como loba que busca su presa, o que espera que este lobo que soy te busque como presa, y nos hemos descubierto a las seis en punto de la tarde, buscándonos ambos.

Cuando te acercas, que te espero entre el gentío y te aproximas con tu micrófono de periodista de tv para que te interprete lo que dijo el tipo, preparar el reporte y seguir tu camino, me miras y nos miramos porque te he mirado antes desde que me miraras
antes de las cinco de la tarde. Luego tu edad: cuántos años tienes, me sale de adentro preguntar, me miras con esa malicia que inunda tu rostro que quiero como mi rostro para empalmarlo a mi rostro y palpar como palpa la lluvia al mojar la tierra seca, cuál es el sentido del amor. Pequeña. Si pareces una niña, fabricada con la belleza que a veces no creemos posible si alguien más nos cuenta. Eres punto de origen de todos mis orígenes desde esa tarde a las seis, tránsito entre tarde y noche o noche y tarde y ambos o ambos a la vez, como nosotros que somos la aspiración de ser un todo, cosmos, sangre, torrente, torbellino, luz, sombra, amor, clarividencia y sexo. Y me respondes la edad suficiente: así de simple. La suficiente para enternecerme los rincones congelados del alma, aquellos reductos vírgenes donde todavía mora la pasión, que al morar hace morada y desea que su moradora esencial seas tú para que mores conmigo en la punta de tu carne y tu espíritu; necesito transpirarnos, chiquita, ilusionarnos y luego meternos en el pellejo de ambos para hacer el viaje juntos, unidos, adheridos a los besos. Besos rojos con carmín azucarado. Y te veo en la punta de la noche. En medio de una luna que divide en dos tu rostro, ese rostro virgen de mujer inicial que se busca en mi búsqueda y me refiere a sus labios, a su sonrisa sonora sin maquillajes. Ven, te necesito, me dices. Para qué te digo. Para lo que quieras que te necesite, para convidarnos al martirio de los ritos secretos, conocernos y descaracterizarnos desde la punta de la madrugada bajo los rayos de luna, hasta desconvertirnos en parte de lo que somos cuando ambos nos miramos y quedamos alelados, víctimas de algo sublime, casi al ras del amor, con sus ungüentos y olores, con sus brisas azules bifurcadas en mitad de nuestra cama que es tu lecho de rosas, mi lecho de palmas a la orilla de una playa, mi lecho de emociones reposadas e instintivas, descorridas de tu pelo y de tu boca que descienden hasta ambos.
Y, lo mejor de todo es que te recuerdo, de aquella época cuando me acompañabas a mí y te acompañabas a ti a Casa de Teatro, o muy posiblemente al Centro de Cultura Hispánica, hoy con otro nombre y luego de escuchar y de hablar y de oír y decir y desdecir, nos corríamos hacia el parque Colón, nocturno, ensombrecido, con sus bancos a menudo cagados por las palomas que salían de las antiquísimas hendijas de la Catedral, y bebíamos, whisky, whisky o ron, fumábamos y nos embriagábamos después de la universidad. Y nos recordamos chiquita. Con esos labios que quise y quiero regar de crema de guayaba, para luego probar a mitad de la esquina y en el punto final de la madrugada...
Te he visto llegar y partir, reconfortarme en un trago de lluvia y en una mirada expresa, al borde del colapso y tus labios han concitado en mí la aventura, la desventura de la desmitificación de los cuerpos, porque el tuyo no es un cuerpo, es un espacio de esponjas traspuestas en planos suaves de tu piel y mi piel que es la piel de ambos al despuntar las cinco de la madrugada.
Pero al verte no puedo más que quedar expectante, aletargado en la gracia de tus labios y en el moño que has hecho sobre tu pelo negro que me estremece al inmiscuirme en tus interioridades humedecidas.
Y te veo llegar, verme como me has visto y ser responsable del surgimiento de una alegría única y maravillosa: si pareces una flor. Una flor bajo la lluvia, bajo los hilos y los cristales de las caricias, pero esta vez caricias escritas con la saliva de nuestras almas, con el sudor de nuestros pensamientos, con el colapso de la intensidad de los quejidos, enquistados en tu barbilla que beso y asumo, como responsabilidad de hombre y mujer. Ya ha pasado el tiempo. Definitivamente has crecido, han crecido tus senos y el temor de la inocencia no nos
arrebata la pasión, transfiere a nuestra vena vital, allí donde tiemblan y parpadean nuestros sexos, arremolinados en la unidad visceral del temblor de la gloria, del paseo desgranado de las ansias y nos queremos, y nos amamos hasta donde alcancen nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros alientos, nuestros suspiros, nuestra devoción, nuestra entrega.
fotos forosenplenitud.com/imágenesyoreme.wordpress.com

16 marzo 2009

Te quiero para amarte


Néstor Medrano
(A Karina, eres mi canción)
La noche en la que nos amaremos hasta el amanecer, llegarás con un vestido negro o rojo, ceñido a tu cuerpo. Yo pediré el vino: beberemos despacio, y nos miraremos y si llueve saldremos al balcón y nos dejaremos empapar, embriagados de nosotros mismos. Si hay luna saldremos al balcón y nos bañaremos con su luz; estaremos tan enamorados, tan fascinados de compartir esos minutos, que pediremos una varita mágica a Dios para frenar los latidos del tiempo, y nos levantaremos extenuados, muertos y resucitados, cinco o seis días con sus noches después, de inagotables caricias y besos...
La noche en la que nos amaremos hasta el amanecer te pediré cubrir de rojo intenso tus labios, que untes sobre tu cuello, brazos y muslos una esencia liviana de mujer, un perfume liviano que me exacerbe el olor natural de tu piel y me permita trasladarme en cada caricia a los umbrales de la casa de Dios, el creador de todas las cosas y pecar en sus galerías olímpicas, deslizarnos los dos sobre nuestros cuerpos y hablarnos en el idioma de los besos prohibidos, humectados de las
minúsculas sudoraciones de tus instintos, desfallecer en abrazos tiernos y sublimes, perdernos en la furia de nosotros mismos y reencontrarnos en el balcón, en medio de las copas de vino y de la contemplación perfecta de la obra del amor.
La noche en la que nos amaremos hasta el amanecer llegarás con unos zapatos de tacos, enlazados con tres cruces sobre los tobillos, también negros o rojos- según la escogencia del vestido ceñido a tu cuerpo- y, si por alguna de esas rarezas de la vida no llueve ni hace noche de luna, nos quedaremos en el cuarto, con las cortinas amarillas transparentes, el abanico y su trac trac trac trac trac, en baja velocidad y procederemos a enviarnos juntos al viaje sideral del estallido, la risa y el llanto, las lágrimas y las indefinibles sensaciones de plenitud de las caricias mortificantes y dulces, ungidas con crema de guayaba: haremos el amor, con la serenidad suficiente para reconocernos y sabernos entregados al fuego incendiario de los latidos, del correr kilométrico de la sangre, del acoplamiento indescriptible y jamás conocido por los mortales de nuestros cuerpos.
La noche en la que nos amaremos hasta el amanecer será la noche de noches, seremos los dos y uno en las caricias, en los sueños cumplidos, en sabernos juntos y separados, ejes del mundo, labio y rostro, todo...y al fin, seremos felices.

15 marzo 2009

Un solo pensamiento: tú


Nuevamente el poeta
Fernando Quiroz da en la diana con un texto que es emblema de nostalgia y evocación, que además va delineando el carácter de sus creaciones, hasta encontrar la voz definitiva.
(Néstor Medrano)




Fernando Quiroz

¿Podrías decirme dónde estás?
Por dónde andan tu gracia y tu encanto
Tu majestuosidad
Me has dejado sin noticias tuyas
Sin avisos, boletines de último minuto
Ya te imaginarás cómo estoy
Un solo pensamiento
: Tú
Desconectado de las luces de tu mirada
Sutiles ráfagas de tus recuerdos
Pero cómo andas hoy?
Qué vestido adornas?
Cuántas veces has sonreído?
De qué color es la taza de tu café favorito?
Pusiste aroma
al té de la tarde?
Qué lado de la casa ha disfrutado tu presencia?
Viste la lluvia por los cristales o escuchaste su concierto al tejado?
Quién tuvo el privilegio de llamarte al celular?
Era romántica la música de tu radio?
Y en la televisión, qué captó tu atención?
Dormiste después del almuerzo?
Cuáles planes tienes para la noche?
No sé si tendré respuestas antes de amanecer
Esto es un domingo, pero no de fiesta
El júbilo se lo habrá llevado la última llovizna
Las nubes que cerraron la cara del sol
El riachuelo que no paró hasta regalar sus aguas al mar
Estuve equivocado
Creía que las avecillas me traían algún recado tuyo
Temprano juguetearon en mi balcón y alzaron vuelo
Ni siquiera me miraron, como tampoco me miras tú ahora
En mi correo electrónico tus mensajes son del pasado
Tu nombre es ausencia
Solo una alegría revitalizará mi alma
Que amanezca lunes, es urgente
La esperanza de que me hable tu voz, amielada, enternecedora
Que te erijas como impresionante monumento que alegre mis ojos
Para gritarte, emocionado, ya tu nombre no es ausencia

13 marzo 2009

HURACÁN








(Fragmento de mi novela inédita)

NÉSTOR MEDRANO

La lluvia de balas fue repentina, concisa y mortal. Dos sujetos penetraron al restaurante, vestidos de civiles, anteojos negros y botas embarradas de lodo. Caminaron y al acercarse a la mesa que ocupaban abrieron fuego. Meléndez fue salvado por unos reflejos a toda prueba que le permitieron maniobrar, expulsando la silla al lanzarse al suelo, resguardándose en el hueco que había entre dos neveras. Hizo varios disparos, pero los sujetos corrieron con una velocidad pasmosa. No recuperó el aliento en mucho tiempo. La cabeza de Baptiste cayó ensangrentada sobre la superficie de la mesa. La agitación entre los estudiantes y los clientes fue dramática: muchas de las chicas que vivieron el momento lloraban temblorosas. En pocos minutos hubo una aparatosa presencia de patrullas policiales, cuyos agentes acordonaron el área y sacaron a la gente que se había amotinado, señalando a Meléndez, comentando que salvó su vida por un pelito, que había llegado junto al infeliz que ahora yacía perforado a balazos. Antes que verse embargado por los nervios, a Rafael Meléndez se le acumuló una rabia minada de impotencia que no lo dejaba respirar. Apretaba los puños hasta el dolor. Su mirada penetrante cortaba. Los agentes se acercaron a él para que ofreciera su versión y los mandó a freír tusas con el culo. Fumaba con una expresión grave y descompuesta.
Asdrúbal Santos, con su porte de desasosiego, fumando como murciélago corrió hacia él. Lo observó con detenimiento, al darse cuenta de que no estaba herido, le recriminó de inmediato.
¿Qué diablos hacías con ese hombre?
Meléndez lo miró con una brasa de odio.
Ese hombre está muerto. Lo ejecutaron, ¿no hay manera de tener otra actitud?
Asdrúbal Santos mostró su rabia, una rabia que podía hacer combustión y tornarse violenta en circunstancias apremiantes. Buscó algo indescifrable en el rostro de Meléndez, y encontró una lámina de impotencia.
Te dije muy bien que olvidaras todo lo relativo al haitiano muerto...es que nunca escuchas, coño.
Francoise. Se llamaba Francoise, pero dudo que no lo sepas. El haitiano muerto en la construcción se llamaba Francoise.
¡Estás suspendido de manera indefinida! Desaparece antes de que quieran indagar qué hacías con este otro haitiano.
Entre el humo del cigarrillo y el enrojecimiento de sus ojos, parecía otra persona. No le importaban los comentarios. Es más, no le interesaba estar al lado de Asdrúbal Santos en esos momentos. El maratón de policías y ahora el maratón de periodistas que esperaba en la calle buscando una versión oficial de los hechos, le impedían procesar la tragedia. Pensar.
¿Por qué matar a Baptiste?
Volvió a hacer uso de su ironía más afilada.
¿Por qué estoy suspendido? ¿Es un delito comer con un amigo haitiano?
Santos se sentó en una silla, próximo a ellos el desorden de policías, los flashes de las cámaras fotográficas, las estampas numeradas de la escena del crimen, el calor sofocante, a poca distancia del cadáver, para calmar a Meléndez le dijo que se había tratado de un ajuste de cuentas. Un pleito particular entre la víctima y un hombre cuya mujer le era infiel.
¿Me dices que este tipo le cogía la mujer a alguien y ese alguien mandó a matarlo. ¡Estupendo! Ese señor era un play boy. ¡Recórcholis!
No quiero verte más. Ve a tu casa. Navega en Internet. Busca mujeres desnudas, mastúrbate sobre ellas, crea un blog, pero vete de aquí. No te inmiscuyas más en esta vaina.
Meléndez rió de buena gana:
¿Un blog? Excelente idea.
Cuando se iba Asdrúbal se sonó la garganta:
¿Me entregas el arma, please?
Mintió para joderle la paciencia:
Me la robaron los tipos antes de largarse.
Se levantó con su parsimonia y su irreverencia habituales y al salir, un enjambre de periodistas lo rodeó; le dispararon mil preguntas, tropezadas, unas encima de otras. Finalmente volteó la cabeza para ver si Asdrúbal Santos lo miraba, se detuvo en actitud de dar una declaración, los periodistas expectantes, lo escucharon decir:
Todos, váyanse a la mierda.
Se abrió paso entre los camarógrafos y fotógrafos, subió a su automóvil y haciendo una seña vulgar con uno de los dedos de su diestra, se perdió entre el tráfico.

11 marzo 2009

El retrato de un día

Fernando Quiroz es un joven periodista, compañero de faenas en el Listín Diario, para sus años con una vasta experiencia en los medios de comunicación, con inquietudes incesantes, que comparte varios roles y hoy, luego de hacerlo en silencio, se estrena como poeta. He aquí la muestra de un arte sensible, que esperamos guste a los lectores de Hombre de Letras.



FERNANDO QUIROZ

El día se despertó temprano
Excelso, como su dueña
Radiante como su mandato
Se vistió de fiesta y se echó a andar
Subió escaleras y cruzó continentes
Su olor a hierba fresca penetrando todo
Este día es de los irrepetibles
El que todos anhelan abrazar
Pero nadie se equivoca: Es acontecimiento exclusivo
Sólo para invitados VIP
Por eso se levantan de nuevo las bambalinas
Y apareces tú en escena, grandiosa
Despampanante, deslumbrante, pluscuamperfecta
Y te preguntan, ¿Cómo se llama la obra, su majestad?
El retrato de un día, contestas, con mirada al cielo
Conoces el guión, lo escribiste tú
Con él alcanzas 9 oscar, incluyendo tu premio: Primera actriz
Ahora la mañana olvida el rocío
La tarde esplendorosa sonríe de buena gana
Muchos celebran: El sol, el mar, el viento
Las miradas te siguen
Eres la más bonita del jardín
Y la novedad se expande como pólvora
Con razón, es el acontecimiento social del día
Celebraciones, bizcocho, toques de copas, deliciosa cena
Tú música favorita, la que le canta al iluso
Las llamadas de los amig@s que procurabas oír
Pero no todo es fiesta, otros lloraron
Evocan el sabor de las mieles que ya no tienen
Esa es la prueba superada, lo que el viento se llevó
¿Qué importa? Estás con los que sí te quieren
Sobre todos ellos, los arquitectos renacentistas
Los que se unieron para concebir esta obra de arte
Con amor, dedicación y paciencia tallaron tu silueta
Ternura, constancia y talento para esculpir tu figura
Es un cuerpo de detalles para la historia
Pero tiene su torre de control: Sus neuronas, bien puestas
Ya la noche, elegante, de luces, roba espacio a la tarde
Júbilo sin freno, como estruendo de artificio en lo alto
Te detienes y conversa contigo misma
Te sorprende por tu pelo lacio, cada vez más largo
¡En diciembre me llegará a la cintura!, te entusiasma
Tu rostro de porcelana que será joven después de los 40
La rutina de belleza da paso a tu interior
Eres sencilla, un ser bueno
Vehemente en tus decisiones
A la que nunca la acostumbraron a escuchar NO
Pero incapaz de hacer daño
Alma noble, que no planifica maldad
Cuando quieres, quieres por siempre
Si abres el alma y el corazón es porque lo deseas
Medio mundo quiere conocerte
Le atrae tu misterio, tu circo cerrado
Es que no es tan simple, se necesita afinidad
Gente noble, pues aborreces el chisme
Y a ti, hasta tu signo zodiacal te delata
Un día amaneces por hablar, luego no
Un ser indomable, sin atadura
Pero eres una historia bien contada
Como el lindo poema que se lee al pie de la cama
Como la suavidad de la lluvia que escuchas para dormir
El cristal en colores que todos quieren mirar
La madrugada que se desnuda en silencio
Las alas inalcanzables para subir a los rascacielos
Pétalos que embelesan el mundo
Así eres
Y este es tu día
Sentada, no te muevas, y te hago una foto
Recógete el pelo y sonríe, para pintarte en mi mente
Mírame fijo, sin pestañar, para descubrirme en tus ojos
Abre tu boca, levanta las manos y grita de alegría
Surca tus sueños, como el ave que no detiene su vuelo
Siéntete libre en lo alto y respira tus triunfos
Celebra, que hay motivos
El día que tú naciste, las reverencias fueron de las flores


(Cumpleaños de Iranna)

03 marzo 2009

LA ÚLTIMA EVOCACIÓN

NÉSTOR MEDRANO


Para mí es motivo de inmensa satisfacción que la revista Mythos, de Santiago, en su nuevo número ofrezca al país la publicación de mi cuento La Última Evocación, junto con otros valiosísimos trabajos que incluyen una entrevista con el novelista Manuel Salvador Gautier, varias veces premio nacional de novela, cuentista y un artista de la arquitectura con una obra eternizada desde hace décadas en muchos puntos y localidades del interior.
Para un escritor siempre será motivo de júbilo encontrar el canal de tránsito de sus creaciones, sobre todo en un mundillo literario extremadamente hostil y de pocas oportunidades para los que iniciamos este periplo con intenciones serias de que República Dominicana vaya más allá de su “creacionismo insular”, y emerja entre las nuevas corrientes del pensamiento, como un país todavía joven y con esperanza de florecer en el ámbito cultural. El agradecimiento es para la directora de la prestigiosa revista que se edita en Santiago, Rosa Julia Vargas y todo nuestro aprecio. Este texto pertenece al libro "Cuentos de Vapor y de Sombras", mención de honor en certamen de La Alianza Cibaeña en diciembre pasado.



Nadie, a propósito, es dueño de su destino.
A. Bunsburry


Nunca, como en ese momento, deseó tenerla tan cerca. Un viento frío de nostalgia y evocación se metió primero en su estómago y luego en sus entrañas. De repente su mente quedó despejada: la necesitaba a su lado. Sólo para amortiguar el vacío y las brumas de esos últimos 80 segundos. ¿Por qué ahora? ¿Para qué la necesitaba en un momento tan crucial en su vida? Era una locura. Más de 25 años respirando su transpiración medicamentosa, contemplando su rostro señorial y escuchando las insufribles tonadas de sus ataques de tos en la madrugada, casi sufriendo un suplicio que sólo las escapadas milagrosas a los recintos prostibularios de ocasión amortiguaban.
Ella, su esposa, una de esas mujeres que en la juventud gastó su belleza y su vanidad en complacerlo en todos los caprichos y que, posteriormente, cuando el paso del tiempo dejó marcados estragos en su piel y en su espíritu, la calle, la vida alegre y las mujeres fáciles, fueron el precio que con su hombría imponente, pagó el inefable Federico Navarro.
Se convirtió en un hombre de la calle. En las noches, específicamente los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábados, salía en su automóvil Lincoln negro y rechinaba los neumáticos, quemando el asfalto de las avenidas nocturnas y penetrando en los barrios céntricos de la ciudad, donde las mujeres, rebosantes y hermosas, feas, raquíticas o escuálidas- no había distinción- lo esperaban para, sin muchos ruegos ni esfuerzos superfluos, abrir sus piernas y darle, a cambio de buenos fajos de billetes, los placeres que ya no encontraba en el hogar.
Esa rutina, como se dijo, consagrada de lunes a sábado, era suficiente, pues los domingos estaban destinados a vomitar durante horas y a tratar de librarse de las resacas faraónicas que le cuarteaban la cabeza.
A pesar de su ingratitud en el hogar, odiaba a doña Miosotis Merejo de Navarro, su esposa, porque nunca pudo darle un hijo, aunque doscientos quince ginecólogos, refrendaron en todos esos años de búsqueda infructuosa que ella se encontraba en perfectas condiciones para la concepción. Permaneció atado al lazo matrimonial porque convenía a sus sagrados principios éticos y morales. En los minutos que pasaba en la casa la ignoraba. Sólo intercambiaba las palabras elementales y en una de esas madrugadas de domingo llegó a desear que un acceso de tos se la llevara definitivamente del mundo.
Ella nunca lo entendió ni entendió su actitud. No podía asimilar que él, que había desplegado esfuerzos inauditos para que la encumbrada familia de ella lo aceptara y aceptara que la hija unigénita se marchara vestida de mujer en sus brazos, tantos años después la rechazara con tal fiereza.
Ella se mantenía tranquila. Recibía en la casa a sus amigas de la alta sociedad a quienes atendía por su incondicional apoyo en las buenas y en las malas: “Miosotis, yo no quiero intranquilizarte, pero Polanco, el mecánico de Arturo, me dijo que vio a tu marido borracho, como con quince mujeres en el Malecón.” le decía Juana Aquelarre, una de sus más íntimas amigas, tan sincera y celosa de los engaños contra sus seres queridos. “Ay, pero Dios mío, lo levantaron de entre un charco de vómito y mierda, el muy asqueroso amaneció como un perro con el carro atravesado en el bulevar de la 27”, le recitaba Jacinta Paniatowska, sin el deseo de sembrar la discordia en el corazón abrumado de Miosotis Merejo.
Ella, con sus ataques de tos no había dejado de fumar nunca, y a veces, con el pretexto de cambiar las zapatillas, subía hasta su alcoba y lloraba, luego señalaba que el humo le irritaba los ojos.
A Federico Navarro le importaba poco el sufrimiento de su esposa. Tampoco le interesaba guardar las formas frente a la sociedad, porque consideraba que en su seno reposaba como en ningún otro lugar, la tara de la hipocresía.

Sabía llegar a las fiestas de los clubes exclusivos de la calle San Agustín y romper la melancólica monotonía en los conversatorios sostenidos por los ejecutivos de importantes corporaciones, con los chillidos y vociferaciones vulgares de las mujeres pornográficas de las que se hacía acompañar y, en ese plano, armaba los más sonados escándalos que eran el festín de los diarios y medios de comunicación presentes.
Muy tarde Federico Navarro comprendió que su esposa, lejos de ser una mujer anodina y sin carácter, poseía una fortaleza única.
Había sobrevivido a él. Con estoicismo, en silencio; sin romper un solo plato. No supo qué hacer: no tenía calidad moral ni siquiera para desear que en ese momento estuviera presente: pero la evocó sorprendido, le hacía falta, por primera vez en la vida, transpirar su aliento alcanforado.
Los 80 segundos transcurrieron . Miosotis no estaría junto a él. Las cosas se nublaron, se hacían espesas a sus ojos. Fue cuando la llamó. Desvalida, humillada y olvidada siempre. Mi Miosotis. Nunca como en ese momento deseó tenerla tan cerca, era un momento crucial en su vida. Deseó con todas las fuerzas de sus pulmones tenerla a su lado para pedirle perdón, para decirle que había sido un canalla, para reconocer ante ella su mezquindad.

La imaginaba. Seguro estaba en la casa, sentada leyendo el libro de los salmos en silencio y reflexión. Sus ojos se apagaban. Oscurecía.

REPORTE POLICIAL
El empresario Federico Navarro fue encontrado muerto en una de las habitaciones del hotel Cuasimodo Imperial, ubicado en las afueras de la ciudad de San Agustín del Río.
Al momento del hallazgo del cadáver los agentes de la Policía Nacional que patrullaban la zona en su rutina nocturna, informaron que junto a él había una botella de ron semivacía , una cajetilla de cigarrillos Marlboro sin abrir y varias monedas de cinco y un pesos.
La Oficina Nacional de Patología Forense, previo informe del Departamento de Balística, manifestó que el nombrado murió de inmediato por el impacto de un disparo en el pecho, que atravesó su corazón y dañó otros órganos vitales.
El arma utilizada corresponde a un revólver calibre 38, que había sido robado a un oficial de la Marina por la conocida como Juana La Treceojos, quien fue detenida luego de haber confesado la comisión del crimen por razones pasionales.





Sin mayores ponderaciones, por la contundencia de los resultados de la indagatoria, esta comisión sugiere traducir a la acción de la justicia a la inculpada, atendiendo su naturaleza reincidente con amantes que siempre resultan ser hombres ricos o políticos reconocidos.

25 febrero 2009

También odias el cigarrillo



Néstor Medrano


Me duele la nuca. Me duele el cuello. Me duele la boca. ¿Por qué tanto dolor en un inocente? ¿Qué hice? Pensé en los acreedores. La gente a la que debo dinero. La gente a la que nunca he pagado un centavo. Ese fue su método de sometimiento, esa fue la forma de despellejarme y sacarme el dolor. De agarrarme cuando llegaba a la casa. Entonces no soy un inocente, nunca he dicho que lo soy. He faltado a la verdad y a la moral. ¿Era para tanto? Sin embargo, supo que se trataba de profesionales. Le asestaron un golpe seco y paralizante que le hizo perder la conciencia; pero lo dejó vivo. Con dolor y fuertes retorcijones, pero vivo. Despertó con la boca amarga, una sed indeseable y un deseo incontenible de recobrar su libertad lo desesperaban. Una habitación sin ventanas- debía ser un depósito por las exageradas luces blancas, a lo mejor se trataba de una estrategia para dar calefacción permanente a alguien o a algo- sin ventilación; el clima áspero, la atmósfera asfixiante. Además no recordaba nada. Le dolía la cabeza. Flashes, recordaba flashes, multitudes, gente histérica que corría de un lugar a otro. Vehículos colisionados y explosiones mortíferas.

Entonces recordaba algo. Abrió los ojos en un intento por hacer más precisiones con la vista; cientos de cajas organizadas de forma rígida, en un desesperante conteo de orden y disciplina. Escuchó pisadas, pasos que llegaban desde la distancia y se incrementaban, tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tac tac tac tac tac, era su reloj. Las manecillas del reloj que irrumpían en el silencio. Tenía ganas de orinar, se levantó como pudo y se escondió entre cartones y lonas presintiendo lo peor. El hecho de desconocer las razones por las que permanecía allí, encerrado en un aposento gigantesco y sin ventilación era algo más que sospechoso. Las preguntas revoloteaban. ¿Por qué me dejaron vivo? ¿Por qué no me mataron de una vez? Se atemorizó, se descontroló y se escondió.
Sentí como si de repente perdiera algo. Quizás el oxígeno para respirar. Me asfixiaba, te asfixiabas, se asfixiaba. No sé si fue mi imaginación febril que le jugaba una broma a los nervios, pero escuché las sonatas de trompetas. Luego alaridos ensordecedores, galope de caballos y gritos desesperados. En medio de su larga espera no resistía las ganas de fumar. Toda su vida había fumado. En ese momento más que en ninguno requería de un Marlboro para calmarse.

Sólo sentía imprecisiones, un revoltillo de imágenes que llegaban de una distancia remota, cargando aires nostálgicos que proactivaron su maquinaria de lágrimas. Los pasos se acercaban, aumentaban, los gritos eran tan cercanos y humanos que herían sus oídos. Escuchaba también un galope de caballo por un lado, la Quinta Sinfonía de Beethoven por el otro, un estallido de disparos y muertes que él, de alguna forma, logró ver en detalle sobre las lonas que lo cubrían. ¿Qué hice? ¿Qué habré hecho? Las luces del depósito, creía al menos que era un depósito, habían subido el nivel de intensidad y penetraban los cartones y las lonas bajo las que se había escondido. Ruidos. Escuchaba ruidos. Voces de mujeres alegres y carcajadas y risas; luego Beethoven. Cuando trato de distenderme un poco para escrutar la situación desde un punto de vista lógico y racional no salgo del asombro. Tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac. Suda. Sudores. Sudores copiosos, su corazón agitado. La respiración agitada y unas diabólicas ganas de fumar. 30 horas. Pero nadie puede soportar tanto tiempo, es imposible, es imposible, es impensable pero no imposible. Sólo debemos asegurarnos de que los protones estén a la inversa de los neutrones y que los electrones no hagan contacto con la unidad celular del cromosoma X para no arriesgarnos a crearle una fisura cerebral.

Entonces llegaron detalles fragmentados de escenas e imágenes en las que aparecía su rostro risueño y maléfico; vestido de gabán con un cigarrillo metido entre los labios, calles mojadas, velocidad, personas, hombres corriendo con desesperación y él que sacaba de algún lugar un arma de fuego sofisticada y corta y disparaba con precisión y mataba. Los hombres caían muertos, ensangrentados, algunos daban vueltas y se arrastraban por el asfalto mojado de alguna bocacalle, él se arreglaba el sombrero y con la calma de Buda se alejaba del lugar. Se veía en el remiendo de luces incoloras de algún apartamento contando dólares, sacos de dólares, bajos fondos; el submundo del crimen, la sedición y los vicios.
Durante todo ese tiempo, 8 años completos, mató más gente que el virus del SIDA y el hambre en Etiopía. En las calles de Nueva York le temían por sus métodos malditos de eliminar los obstáculos. Luces, chirridos. Voces. Escucho que hablan de mí, palpo esa especie de repulsión en sus palabras; no pertenecía a ninguna pandilla ni estaba afiliado a la Mafia, era un mercenario que hacía sus trabajos de limpieza y luego cobraba en efectivo, y mucho, sin intermediarios. Fue un golpe rudo en la nuca que lo sacó de circulación. Necesitamos mayores detalles, no hay estabilidad, su espíritu libra una batalla de garras con la psique. Sólo destellos.


Volvían sobre su cabeza las explosiones, las muertes sangrientas y las exclamaciones de dolor. Tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tic tictictictictictictic. ¿Por qué la captura para dejarme vivo? Se preguntaba, quería fumar. El deseo irrefrenable lo impulsaba a la locura, porque incluso, entre las lonas y los cartones en que se guarecía crecía el fragante aroma de un cigarrillo encendido.
Las voces aumentaban. Alguien sobaba una pistola, lo discernía por el nítido claqueteo metálico, por la precisión dada por el silencio a los ruidos de menor intensidad. Escuchó su nombre. Una voz de mujer derramada en llanto, en dolor. Luego las pisadas, las brisas absurdas que comenzaron a bailotear en ese aposento-depósito donde las flatulencias arrojadas de sus intestinos no se diluían. ¿Por qué me han traído? Debo ser inocente de cualquier acción endilgada por mis secuestradores, supongo que se trata de un secuestro. Ejecutaba a las personas. Era un negocio despiadado que sólo había visto en las películas de Hollywood: el hombre descuartizaba a sus víctimas, las mutilaba y enviaba a sus clientes el dedo pulgar para sacarle las huellas dactilares como prueba de irrebatible cumplimiento del deber. Hay que inyectar mayor cantidad de AC-15, debemos disminuir la conturbación emocional que lo agita.

¿Qué dolencias presenta? ¿Ha variado su capacidad de asimilación de los acontecimientos? No. Sólo el dolor en la nuca. El dolor en el cuello, en la boca y unas ganas exasperantes de fumar. Bien, mientras presente esa perspectiva hay esperanzas. Los sudores me atormentan, siento escalofríos, mis dientes tiritan y una debilidad apremiante me nubla la cordura. Hombres que corren, saltan sobre verjas, rompen escaleras de emergencia, disparan entre sí, insistentemente, disparan entre sí y las cosas explotan y los automóviles se incendian y las mujeres del vecindario apartan con brusquedad a los niños, los quitan del camino, se meten debajo de las camas, la destrucción es expansiva. Los cadáveres son abandonados en cualquier lugar, la sangre pinta sus rostros, baña sus cuerpos inertes, inmovilizados para siempre. Movimientos estratégicos, cerco policial.
Abren baúles, fundas, bolsas, valijas y encuentran armas, dinero revuelto en fajos gruesos, incontables, interminables. Armas de fuego, cantidades industriales de objetos de uso bélico, arsenales, ametralladoras, pistolas de alta resolución y cañones anchos, minibazukas. La nuca. La boca amarga. ¿Qué hago aquí? Debe ser una estrategia de la gente a la que debo dinero, quieren que pague, pero los esfuerzos son vanos, soy un pobre diablo, un infeliz pobre diablo; estaba en mi casa. O fuera de ella. Supe de inmediato que se trataba de profesionales, de gente curtida en el oficio, conciente de lo que tenía entre manos, en esto no hay nada fortuito, nada se dejó al azar.

Era un matón. En su página negra, su web site personal de trabajos incodificables, lo presentaban como lo mejor de lo mejor. ¿Por qué no me mataron de una vez? ¿Quién soy? ¿Sabes que fue uno de los mejores policías de su tiempo? Cumplía a cabalidad con sus responsabilidades, sin lastres, inmaculado, un verdadero paradigma dentro de la institución. La ambición lo sacó de la fuerza; quería ganar dinero y fortuna, quería ganar dinero y fortuna, quería sacar dinero de su talento, quería recibir dinero por sus habilidades. Ahora vamos al proceso contrario: que los neutrones estén a la inversa de los protones y que la unidad molecular haga contacto con los electrones y el cromosoma X, esta vez el riesgo es necesario.
Siempre fue difícil su vida, esa mutación entre el bien y el mal se registró en el cambio de comportamiento de un policía intachable cuando dio el giro hacia el mundo del crimen. Se convirtió en el germen del cataclismo que lo llevó a la perdición. ¿Es insalvable? ¿Hay alguna esperanza? Me duele la nuca. Me duele el cuello. Me duele la boca. Es la reacción de lo sensitivo. Ahora, entre tantas horas de respirar esta atmósfera irrespirable y contaminada, de esperar impaciente por un cigarrillo para hacer volutas de humo, para disipar la angustia de este calor sofocante y para desviar mi atención de este encierro inexplicable, es que puedo recordar con claridad.

Recordar pero no divulgar. Simplemente decir que hay cosas inconfesables de mi vida que hoy fueron borradas, porque organismos e instancias sin rostro me quieren como proyecto, algo de seguridad nacional. ¿El dolor en la nuca, en el cuello y la sed enfurecida de salir del encierro? No los recuerdo. Ya no los siento. Los pasos se alejan, las voces se han callado y los sudores incontenibles han cesado de repente. Ya no escucharás más el tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tic tic tic tic tic, fueron extirpadas las angustias y saldrás a la calle en tu formato de hombre nuevo que nunca ha echado un coño, ni pronunciado una palabrota y para fines de una mejor vida tampoco recordarás nada de esto. No hubo habitación, aposento-depósito, nunca fuiste un mercenario...eres nuevo.

Ah...también odias el cigarrillo.

13 febrero 2009

DOS GOTAS DE AGUA


El primero de los textos
del libro Cuentos de Vapor y de Sombras mención de honor del certamen de La Alianza Cibaeña de Santiago.


NÉSTOR MEDRANO


Sales apresurado y sin saber lo que harás. En ese momento no hay tiempo para reaccionar de la mejor manera; es mejor correr, intentar un distanciamiento, abandonar el mundo unos instantes, por lo menos hasta recuperar el aliento.
A veces ocurren esas cosas. Uno nunca cree que puede suceder; es como cualquier enfermedad o la muerte misma: se ve en los demás, incluso en seres queridos. Lo insólito, sin embargo, es pensar que puede pasarnos a nosotros. Es una historia común y corriente, nada extraordinaria. Tu padre, por supuesto, va sobre los cincuenta años ya, no es viejo y se considera un muchacho mayor que, incluso, encanta a tus amigas de la universidad, con esa cabellera lacia y encanecida; vientre liso, acostumbrado a los poloshirts Polo, las esencias perfumadas tipo Fahrenheit de Dior, u Oscar de la Renta.
Has visto su magnetismo cuando sale a comprar los discos de moda y se carga a Alejandro Sanz, Juanes, Ricardo Arjona y la reacción Tsunami que inspira a las chicas insulsas de la clase de Publicidad cuando aterriza en el campus, batiéndose contra el mundo en su Mercedes deportivo, para decirte que se va de fin de semana a Punta Cana o Palm Beach.
Es adorable tu viejo, te dicen los escuálidos amigos y conocidos tuyos de la Facultad de Arquitectura, aunque a veces te incomodas, porque has repetido hasta la ronquera que tu madre se separó de él porque nunca tenía tiempo para estar con ella.
Te pareces a él. Hay una indiscutible combinación de rasgos físicos, gestos y ademanes de los que la familia se ha enorgullecido: ese hombre escupió al hijo, son igualitos, si hasta se diría que lo quería negar; repetía la abuela sin mancar cada vez que lo veía. Para
un chico de 20 años siempre es benéfico parecerse al padre, sobre todo si se trata de
alguien con buen aspecto, educación y posición respetable.
A sus cincuenta se ha mantenido: no sale del Gold’s Gym, donde hace pesas, se ejercita los músculos y siempre está dispuesto a sacar la mejor partida a los congresos internacionales a los que asiste con cierta asiduidad.
Desde que viven solos en esa casa tipo palacete de los altos de Arroyo Hondo, su vida es más distendida, menos conflictiva y traumática que cuando estaba su madre.
El viejo lo ve, comparte, se toma unos tragos contigo, hablan de cosas; te facilita la vida, como ayer que te entregó una extensión de su Mastercard dorada para que compres cidís, libros o dividís y se interconecta, hay una empatía natural, por eso tu madre ni se molestó en preguntarte con quién te quedarías al sacar pie y borrar huella.
Es un tipo especial. Parecen hermanos; lo único que los diferencia es el ligero toque blanco de la cabellera encanecida a destiempo. Es un problema genético tan descomunal que tu pelo va por el mismo camino. En la fiesta del mes pasado te regaló una Hummer amarilla modelo 2008 que en el país sólo tenían ciertas personas del Jet Set internacional, funcionarios públicos y policías con asignaciones maravillosas.
Es su prédica de vida: el dinero debe vivirse, ponle cabeza.
Las cosas comenzaron a incomodarte el día que tu padre buscó dos guardaespaldas para que te acompañaran a todas partes: son tu protección, este país se está jodiendo y no podemos caminar en las calles desguarnecidos, te explicó: pero, ¿por qué? ¿Por qué debo andar con dos niñeros ahora? No son niñeros: son profesionales preparados para salvar vidas. Y, el dinero, por eso debes andar protegido.
El viejo no pierde su gracia: ríe a carcajada como siempre, sale con modelos y mujeres

que quieren su patrocinio para montar programas vacíos en la televisión, preparar calendarios que más que fechas, días y meses, muestran un decálogo para la masturbación gratuita de los hombres.
La seguridad, los circuitos de vigilancia y toda una parafernalia de dispositivos se extremaron en la casa. Lo peor fue cuando debiste interrumpir la asistencia a la universidad durante diecinueve días y salir con él a unas improvisadas vacaciones en Cancún, México. Un resort cinco estrellas, la mejor vida del mundo: reuniones intempestivas de tu viejo con gente que nunca has visto en tu vida y salidas subrepticias que te mantuvieron en soledad todos esos días.
Hasta que, una noche en la que bebían Whisky a las rocas en la discoteca del hotel, recibió una llamada en el teléfono celular, desarrugando por primera vez en muchas horas el rostro petrificado por algo que dedujiste se parecía a la preocupación.
“Ya podemos irnos”, escuchaste que dijo.
-Ahí lo veo. Lo tengo en la mira...
-Pues, procede, cambio...
-No puedo, se ha movido...
-Esfuérzate, imbécil. Ese trabajo debe
hacerse hoy.
-Salí preparado, pero las malditas ramas de
las matas de plátano no me permiten precisar
la trayectoria...
-¿Qué?


-¿No has escuchado?
-Hay interferencias; estos radios están dañados.
¡Maldición!
-¿Con quién está?
-No sé. Hay un grupo de chicos. Deben ser siete
u ocho.
-¿Alguna maldita fiesta?
-Eso parece.

Las cosas se tranquilizaron, al menos, eso te pareció.
Tu padre recibía más llamadas telefónicas que de costumbre, se encerraba a discutir con visitantes repentinos y escuchas las discusiones prolongadas, los puñetazos sobre el escritorio, los coños reiterativos y las maldiciones vomitadas, traspasadas de una voz a otra, ¿reclamos? No lo supiste. No es tu problema, no es tu bronca, como dicen tus amigos mejicanos, no es tu bronca, mano.
Lo cierto es que el rostro del viejo ya no se veía tan feliz ni distendido. Sus sonrisas eran menos frecuentes, casi esporádicas. Fue asunto de días. De aquel hombre jovial que penetra a las tiendas de Madrid o París, y se sumerge en las galerías coloniales de Puerto Rico y Argentina para adquirir cuadros de colección y vídeos crudos de las películas europeas, que se sirve un Martí Davinon en cualquier reunión social, y se muestra libre y abierto hacia el mundo, queda poco.


-Si suelta la lengua serás el primero en caer.
-No creo que vaya a soltar la lengua...
su familia está en riesgo...
-A la familia le brindarán protección; sabes
cómo trabajan esos perros, tienen un olfato felino.
-Me preocupa mi hijo. No está acostumbrado a
este tipo de situaciones y sé que su vida corre
peligro.
-Dile lo que ocurre. De todas formas es tu hijo;
deberá comprender, entender que estás en el
negocio desde antes de que él naciera.
-No es tan fácil. No sabe nada.
-Ha sido un error tuyo.

De un tiempo a esta parte tus amigos de la universidad te hacen reclamos, que por qué faltas tanto a clases, qué sucede que ya no puedes ni siquiera sentarte solo en la cancha, porque las dos niñeras de rostros petrificados no se apartan de tu lado.
Y tu padre, con ese talante, que ni siquiera Tom Cruise acuña, te pasa a buscar por el campus en su Mercedes deportivo para invitarte al Country Club, porque quiere compartir contigo; estar más cerca de ti; hablar de hombre a hombre de las cosas

de la vida y si lo deseas puedes traer a Leticia, la rubia del cuerpazo que le presentaste la noche del sábado, pero no cabemos en el auto, bueno...
El viejo busca uno de los exitazos de Ricardo Arjona y tú prefieres a Miguel Bosé y él termina colocando a Aljadaqui, cruza sobre sus ojos las gafas Cartier bifocales y explaya su sonrisa. Detrás de ustedes un batallón de hombres armados hasta los dientes cuida la espalda del viejo y te cansas y por primera vez en la vida le preguntas:
-¿Qué sucede, viejo, por qué tanto temor?
-Te lo dije el otro día: la situación del país no está nada fácil y la gente con dinero, notoriedad y posesiones corre el riesgo de ser secuestrada o asesinada por encargo de alguien.

-¡Dispara!
-Todavía debo ajustar el interruptor de mira, pero lo
resolveré de inmediato.
-Debes darte prisa, cambio. No tenemos todo el día.
-Un juego de golf tampoco termina en diez minutos.
-¡Hazlo ya! ¡Mátalo!

Tu madre apareció de repente por la casa. Extrañamente te abraza, una efusividad poco normal, ¿antinatural en ella?, y corre hacia tu padre, los ves juntos discutiendo por algo; lanzándote miradas de reojo, procurando no extender las palabras, evitando que te enteres de la conversación.

Él le pide que vayan al estudio. No lo oyes pero lo intuyes, algo se cuece, algo preocupante, algo sucede. Minutos después tu madre, es una mujer preciosa, más hermosa que tu padre, con dos hoyuelos que bordean su boca cuando sonríe, sale de la casa, entra. Como agobiada, desesperada.
Te marchas con tus niñeras al boulevard de la 27 de Febrero con Abraham Lincoln, donde los escuálidos de la universidad tienen un party, un bonche de último minuto. Una bebentina amenizada por un grupito de rock anónimo.
Es que algo sucede, le dice a una de las chicas que lo asedian con sus besos aromatizados de nicotina, lo presiento. No pasa nada, le responden sus carnales, lo que ocurre es que tu viejo no quiere broncas, mano, que vaya a pasarte algo con tantos narcotraficantes y secuestradores sueltos.
En la noche, bueno, casi en la madrugada, se encuentra con la novedad, digna de la portada de The New York Times, de que su madre ha regresado a vivir con él ¿y su padre?, bajo el mismo techo.
No hay explicaciones, realmente nunca las recibe. Su madre se acerca, enciende un cigarrillo y te dice, con esa parquedad en las frases, a manera de explicación, ¿o de consuelo?, que estará junto a ti unas semanas, te advierte, sin embargo, que nada definitivo, es, mientras se arreglan unos asuntos.
Los viejos te sacan de quicio, creen que sigues siendo un niño, que no entiendes nada y lo sospechas todo. Pero no lo admites. Es crudo admitirlo. No él. Tu padre es un tipo jovial, alguien adorable que no le haría daño a nadie; es tu apreciación, porque así lo has visto siempre, así lo recuerdas.


“La agencia antidrogas de la nación norteamericana
logró capturar al presunto capo, luego de una labor de
inteligencia de dos años.
Ahora le toca al Tribunal Superior de Justicia
decidir, bajo los preceptos establecidos por el Có-
digo Procesal Penal, si extradita o deja en el país,
con los cargos señalados en su contra, al cabecilla
de la mayor operación de narcotráfico de la época’’.

Tu viejo es inmejorable, te repiten los chicos y las jevas una y otra vez, no te maltrata con rigurosos horarios y respeta tus decisiones. Además, te crió como un niño mimado, entregándote el mundo, con el alegato de que él careció de todo, hasta de agua para beber y de un inodoro para cagar. Pero hace mucho de eso. Mejor piensas en la fiesta de cumpleaños de mañana, quieres que sea discreta, pero no escasa. La botarás. Invitarás de emergencia a tu clan de la universidad, incluyendo a los mejicanos y a las chicas que se mueren por estar cerca del viejo; son unas viejólatras que te dicen que no es el dinero el interés de sus motivaciones, sino el encanto de tu padre. Son cosas que te hacen reír y bromear con el viejo y él siempre te dice que no está por criar más muchachos. Le preguntas si estará presente en la fiesta y te responde que por nada del mundo se perdería un aniversario de su hijo.
-Dispara
-Ya, un momento.


-Te estás tardando.
Desde ese ángulo podían ver a los chicos moviéndose de un lugar a otro alrededor de la piscina, compartiendo una buena fiesta de cumpleaños. Subieron al alto que está sobre la carretera, que por la aparente distancia no encerraba ningún peligro y los hombres de la vigilancia se concentraban en la parte interna de la casa y del exterior más cercano. Un gran e inexplicable descuido. Desde el lente de la Windsorf israelí reforzada, calibre alto de difusión 15-KC capaz de destrozar un objetivo a dos kilómetros de distancia, (con balas suspensivas de plomo y nitrato de carbono), Se podía divisar con auténtica cercanía la espalda de tu padre, que departía vestido de blanco con un grupo de sus colaboradores más cercanos, cambio.
-¡Dispara!
Fue un momento paralizante.

“Según las informaciones filtradas a los medios,
el supuesto capo de la droga, ordenó, luego de
de su captura, que sus socios más importantes
fueran eliminados por haber contribuido con su
detención’’.

Sólo sientes el ardor frío sobre tu cuello, un dolor agudo y un mareo; ni siquiera te enteras del desplome, caes, ensangrentado, tu padre sale de la casa vestido de negro. Corre, una estampida es lo que se forma cuando los invitados huyen, se esconden y tus

amigos carnales te socorren. Tu padre te carga en sus brazos y sin esperar a nadie, no saben dónde se ha metido tu madre, enciende uno de los autos y a toda máquina, quemando el asfalto con los neumáticos incendiarios, llegan a la clínica.
Pero es tarde. Es tarde. Ahora que lo miras bien, una imagen algo difusa, la semejanza entre tú y tu padre es extraordinaria. El hombre cabecea con la cabeza de su hijo sobre su vientre; la madre llega gritando, lanzando improperios, dando manotazos sobre el pecho del hombre, enfurecida porque tú estás a punto de irte de este mundo y tu padre hace llamadas nerviosas a su celular; maldice, blasfema, llama a sus hombres, porque te han dado un balazo en la nuca que te tiene al borde de la muerte.
-¡Malditos! Fallaron.
La vida y la muerte se pelean por ti y sientes las manos de tus carnales mejicanos y los escuálidos compinches de la universidad, y las chicas que no miran a tu padre, sino a ti. Que imploran a Dios para que no mueras y tu padre frustrado, porque de nada sirvieron los dispositivos de seguridad ni los costos elevadísimos pagados para escoltas y guardaespaldas. Tu madre grita. Escuchas su voz, lenta, distante y por primera vez en tu vida sientes que tienes madre y ahora tu padre cambiaría lo que tiene, su dinero, sus propiedades, todo, por salvarte, por despojar a la muerte de tu vida.
-¡Fallaron, imbéciles!
-¿Cómo ocurrió?
Te dispararon a ti, hijo, pero me querían a mí. Escuchas al viejo, sulfurado en un mar de lágrimas, y aunque siempre estuviste orgulloso de poseer sus mismas características físicas, unos imbéciles confundieron el disparo y te mataron a ti en vez de a él.

09 febrero 2009

RESTOS DE MAR

NÉSTOR MEDRANO

Veo que ya no estás
y la noche se hace sólida, empedregada.
Material

Como si al torcer el lomo se apagaran las estrellas:
y quedaran los residuos dispersos
de nuestros cuerpos.

Veo que ya no estás
y la brisa llega cargada de salitre: irrespirable
nostalgiando tu recuerdo: pura nostalgia marina,
de playa y de lluvia
veo que ya no estás.

Veo que ya no estás
y el zumo de la madrugada se desprende de la noche:
se esparce como granizo calcinante: como sombra
de luces agonizantes; nostalgiando tu recuerdo.

Veo que ya no estás
y en un eructo del insomnio reaparece tu ropaje:
lleno de ti, almohadón de carnes y poros:
con mirada perfumada

Y te percibo
entre sábanas empolvadas de desiertos transparentes
con la humedad seminal de nuestros cuerpos
unificados con el pegamento de una ola desbocada:
y la brisa llega salpicada de salitre.

Y te veo llegar a un cuerpo entero:
asimétrico y gutural
Y el zumo de la madrugada se desprende de la noche

Mar
Salado como el recodo finito de tu sexo
Endulzado por el sol y la llovizna rociados
desde un rincón maldito de nuestras nostalgias.

Y te busco
entre las marchitas hojas secas que vuelan sin alas
y al rozar las vellosidades de tu piel
nos encabritan el alma entregada: restos de mary oleajes de espumas en tu lecho.

22 enero 2009

Soy uno de tus vicios

Sé que en estos días la soledad te ha golpeado más que nunca

porque de a chin, te acostumbraste a tenerme cerca. A solo varias paredes de distancia. Ya no te extraño. Pues, nunca he dejado de estar lejos de ti, aunque ambos creamos lo contrario. Sé que en estos días has sido tentada a mil cosas y que las circunstancias de siempre, te han paralizado. Por ejemplo, has querido ponerte en contacto conmigo, porque extrañas de mí todo, mis ojos caídos y mi expresión de distancia, además de mis labios al rozar tu rostro, que alguna vez anhelé me perteneciera con toda tú de paquete y que hoy, de algún modo, se borra lentamente. Sé que cuando sales a beber tu café y a fumar tu cigarrillo, sientes un minúsculo vacío, sientes que algo muy en tus adentros te duele un chin y ese chin que te duele soy yo. Porque entre tantas cosas, tanto jodido trabajo, tanto jodido estudio, tanto jodido seminario, tanto jodido todo, tantas esperas y tanto agobio, soy uno de tus vicios. Sé que me extrañas más de lo que te extraño a ti, porque siempre he estado presente en el chateo, con el hi, estás ahí, con el signo de interrogación en cierre, y pocas han sido tus respuestas expresas, aunque conozco la respuesta mayor y no te soy indiferente, si lo fuera, sé, que me lo hubieses dicho. O todavía estás a tiempo de aclararme ese punto, no te soy indiferente. Sin embargo, el miedo te paraliza y al amor no se le teme, a la atracción se le asume, se enfrenta. Yo no había pensado en ti ni un solo día, porque entre mis proyectos literarios y mi agenda de acio de estos últimos días, no he tenido tiempo para recordar que en el mundo hubo una mujer que me tuvo de cabeza. Sé que en estos días hay agobio en tu vida, porque no me tienes a unas paredes de distancia, para oxigenarte cuando crees que te asfixias en esa carga de vida diaria rutinaria. Por eso te invito, vamos a encontrarnos clandestinamente, para ser nosotros mismos, reconstruyendo todas las historias de tu piel.

17 enero 2009

esos amigos invaluables

Me siento sumamente orgulloso. Porque para mí los amigos son inapreciables, la capacidad de solidarirzarnos es inmensa, y eso es lo que ha hecho conmigo mi amiga, la novelista Blanca Miosi. Blanca es venezolana, es peruana, es latinoamericana y ha publicado varias novelas importantes. Siempre ha exagerado conmigo en su tratamiento de amiga sin preámbulos, lo que sin lugar a dudas me enorgullece.

En esta ocasión ella hace un comentario en su blog, que quiero compartir con quienes distinguen Hombre de Letras con su lectura.

por favor clic aqui http://blancamiosiysumundo.blogspot.com/

15 enero 2009

Un chin de mí

Con el Cardenal en la faena periodística.




Néstor Medrano

Hay algo que me gusta de mí mismo: me precio de ser un tipo que no le para bolas a nada. Si se puede se puede y si no, pues hasta la vista, chao, so long y seguimos el party en paz, o en guerra, depende de quién se trate, y en esta ocasión se trata de mí.
La dificultad mayor es hablar de mí mismo, cuando hay tantas cosas en este mundo de las que puedo hablar, más importantes claro, que yo, pero, como si de joder se tratara, tengo que buscar la manera de hablar de mí hoy, porque, el momento lo amerita. No me gusta hablar mucho en clave, para qué si al final hasta el más imbécil sabe, por lo menos de reojo, cuáles son nuestras penas, nuestras miserias, nuestras aspiraciones y regularmente, los tormentos de la hembra que queremos para acompañarnos, aunque amemos a dos mujeres, o a tres: quién sabe, el mundo es amplio y las perspectivas del alma ingobernables. He visto de cerca las tentaciones de la vanidad en los últimos meses. Se ha depositado en mil presencias, en la calle, en alguna recepción, en alguna reunión social, aunque macho, les juro que las actividades sociales se han reducido a un espectro tan estrecho, que a veces solo me queda compartir, de manera egoísta conmigo o Néstor el chiquito, o con Camila, pero vamos, que ellos todavía no entienden de estas vainas que sentimos los que somos la gente adulta, viva el mundo de los niños. Al finalizar el 2008 fue bueno, una vaina como ofender a Dios, sería decir otra cosa, pero, en mi defensa puedo decir que cerró bien. Alguna resonancia social que traspasó mis propias fronteras, un acercamiento íntimo, descarnado, y profundo- cuánto he sudado escribiendo cosas que no puedo revelar porque están en fase de evaluación-, la persecución de una mujer en la cual trato de descifrar los aspectos más recónditos en el ámbito de lo femenino, más que de competencia o de preparación académica- una mujer siempre me enloquecerá cuando tenga algo de levantisca, de loca, de vamos a asumirnos sin darle mucha mente a la vaina, con el contraste y aquí está la jodida piedra angular del asunto, de que siempre que me enamoro, algo en mí como que se pierde y vaga. Entonces me da con internarme en las viejas escapadas a los innombrables lugares de la zona colonial donde tantas historias coleccionamos quienes nos aventábamos como aprendices inmateriales de escritores, cuando nos escapábamos de las clases nocturnas en la universidad para caer, en medio del can, el sexo, el trago y otras acciones prohibidas en la avenida del puerto y aparecían, por supuesto que entre ellos yo, quienes nos estrujábamos con esa necesidad de la carne a veces recalentada por besitos provocativos de chicas que vivían su época, adheridas al Grupo Eagle y al Hotel California, o recalábamos en el colmadito de la calle Las Damas y nos metíamos en Casa de Teatro a degustar un gratuito y sabroso Brugal con Coca Cola- antes, ahora me gusta el whisky, le saco algún saborcillo a la beerra, bien fría, como buen dominicano universal y localista al mismo tiempo. Porque, lo digo aquí, me gusta asumir la vida como debe asumirse, con cierta responsabilidad, reconociendo que hay muchísimos compromisos, pero que la vida es tan dulce que uno no puede agotarla nada más que quemándose el caco, se debe vivir un chin. Además, he aprendido a no creerme todo lo que me dicen, detectando, vaya leones, que no todo lo que brilla es oro y que el oro no siempre te dora la existencia.
Quienes me conocen lo saben. Soy un tipo claro, tan claro que a veces no parezco negro, y uno de mis principales problemas es que, me paso de claro. Es por ello que al hablar hablo, me saco lo del corazón sin medias tinas, poco político y más imbécil y hasta soñador, siempre me creo que el otro recibirá mis mensajes con la misma sinceridad con la que yo los abono. Es igual cuando chateo, cuando hablo. Digo las cosas que siento, después de todo, para qué hablar si no es para sacarnos la mierda de adentro o la frescura de adentro o la verdad de adentro. Pero una cosa es segura, seguiré metido en la misma vaina, escribiendo las mismas jodiendas y cayéndole atrás a la chica que, también me ama, pero teme darme un besito de más de tres minutos.

12 enero 2009

Vamos a decidir

Estarás pensativa, como siempre en cualquier esquina de tu habitación o de tu butaca de mujer infinita, probando los destellos de algún pensamiento líquido y yo estaré junto a ti consignándome en el silencio. Acariciando los límites de tu mujeritud y de tus sonrisas letales: buscando que me ames, que puedas verme abiertamente y dejar los espantos...lo haremos, vamos a decidirnos.


No he vacilado nunca en negar que lo otro
es el stop de una etapa superada hará dos horas
un poco más tarde. Tampoco temo al reloj de arena
que, despacio se petrifica para que no exista tiempo:
solo una colección de sombras y postulados oscuros
sobre las penurias de nuestra realidad.
que estuvo a punto de existir: se interrumpió
cuando apareciste a punto de descalabrarme
con los minutos del insomnio. No he vacilado al admitir
que tu partida a las dos de la tarde se produjo a las dos
de la madrugada instantes antes de descalabrarse el reloj.

Reloj:
2:00 de la madrugada.
¿Por qué desdecirme si solo eres un espejismo, un pasado
natimuerto del presente que pudo ser y que no fue por tu temor
por esa cobardía que te hace negar lo que es innegable y que te
perturba cada instante en el cual me miras y me besas con el
deseo de besar más allá de las mejillas?
¿Por qué desorganizar las piezas de mi memoria que te recuerdan
Evocando una sugestiva caricia, por lo menos un lamido existencial
A tus pezones de mujer prohibida que nunca fue y que todavía puede ser
Incluso hoy, puedes decidir sobre mí y tenerme cerca aunque estemos lejos
y pedirme ven estoy sola quiero que me quieras y me acompañes en el café y reconozcas que puedo ser yo mismo más allá de tu miedo y del miedo que nos provocamos cuando estamos cerca
que nos descaracteriza, nos distancia y nos acerca
nos hace cómplices de un diálogo de mudos y de
una plática de confesos amantes de papel y computadora.
Nos amamos.
Y es que nos diluimos todos los días en esta verdadera mentira que somos
Ambos y que los dos pretendemos ocultar ocultándonos de nosotros mismos y hasta de las llamadas de nuestros labios de nuestros cuerpos de ti de mi
De los dos en vida y en las cotidianas mañanas de todos los días.

02 enero 2009

TRÁNSITO DEL TIEMPO




NÉSTOR MEDRANO



Al abrir los ojos
el cuadro de silencio embriaga la hora
reloj:
2:00 de la madrugada.
Tu cabellera negra: es cascada de seda,
luz encendida sin llama
sin el extraño rubor
de tus mejillas
reloj:
mujer tostada, con la piel
de mulata
2:00 de la madrugada.
Y el silencio
Al abrir los ojos
El cuarto está vacío, sin ti, sin mí
solo conmigo que es
como si no estuviera.
Y los cristales
acompasados entre el metal de las campanas
de un pueblo que nos despide: antes del sol.
Tu cabellera negra
cascada de sombras
y tú, más allá del circuito
del humano circuito
de nuestras medianoches asoladas.
¿Por qué insistir si me desgarra la brisa
el chasquido de frío del pasillo
también solitario?
Cristales en la puerta: pedazo de esencia
Olor de seda
De tu cabellera negra
2:00 de la madrugada

Permití que nos derritieran las primeras horas:
el zumbido mágico
de canela:
mujer de tierra, de agua lluvia bañada de sol.
¿Por qué insistir si me desgarra la brisa?,
El aullido distante
de tus mordidas edulcoradas
Mujer: ya no vivirá el agosto de septiembre
que marcó nuestro tiempo
ni juntos seremos la noche de día
a la hora de deshacer el amor.
Descomponer el amor: en granitos
De calor. Sudor azul chorreando ácido de amanecer
y luego
otro baño de soledad.

Al abrir los ojos
inicia el preludio de la noche: acompañada
de mí y de ti que estás ausente
como llegas
arropada con esa piel de canela
edulcorada:
eras, más allá de las mínimas coincidencias
el punto de partida
de mi llegada.
¿Por qué nos ocultamos ahora?
huir de la ciudad para forrarnos de anonimato,
vestirnos de los dos para embebernos
del legítimo sudor
de la creación y los gritos: ¿por qué situarnos en este extremo
de un cuarto vacío en el que estuvimos juntos
despiadándonos del vino y de la legión
de demonios, dioses azules
torres de gemidos silbantes
turgencias, locura...
desolación.

Hay más
a punto de continuar en la práctica
de sacudir el reloj
reloj:
2:00 de la madrugada
y antes descubrimos las montañas nevadas:
las tierras rojas escarpadas
el incendio polar de un final sin comienzos:
ambos
como dos elementos desnudos
en el espacio interminable
de los resquicios de tu cuerpo:
cabellera negra en cascadas
como un derrame sobre mi rostro
convergencia febril y descarnada:
ombligos astrales: pálpitos del vientre
reloj:
estanterías de tu perfume de tus labios delgados
de tu cuerpo delgado de tu sexo delgado y punto.

2:00 de la madrugada.
y te busco enceguecido
por estos cristales disonantes soplados por tu
aliento
y no te encuentro porque antes de llegar
has partido en el fluido del pasado.
Es como decir, good bye, so long.
hasta la vista.
Para llorar: canela de tus besos
danza de tus caderas
mágicas cadencias y
allí, antes de aventurarnos en este frío calor de la
cerveza: espumas, humo de cigarrillo
tambores primitivos del origen
me dices good bay, so long;
hasta la vista.
Es,
Tu ausencia presente lo que respiro en esta
Alberca de deseo: fugaz silbido de un retrato
dibujado por mí antes
de que fuéramos ambos y luego ninguno

reloj:
2:00 de la madrugada
y beber tu piel mulata de pelo negro en cascada de seda
me hace soñar ese sueño derramado de un agosto en septiembre transformado en diciembre
que es magia, desvelo, deshielo
inteligencia y locura.
¿Dónde has estado en todos estos días?
¿Buscándome en la lejanía para acercarte y diluirte
En un santiamén
de sexo?

Me arrebatas:
me impides salir a la cordura y a punta de pistola
ansiar tu cabellera negra
de seda: shampoo
y gemidos: cruces de piernas, logaritmos de caricias
dioses y demonios: pecado frugal.
2:00 de la madrugada.
Y la noche se escurre entre mis dedos
como tu pelo y mi pelo
como se fugan nuestros cuerpos y los cristales
soplados por el viento me ocultan tu rostro.

Todo tu cuerpo y toda tú se han difuminado:
¿cómo soñarte si has borrado tus formas con un trago
de odio: mezcla de canela y jengibre con dos gotas de olvidos al amanecer?
¿Dónde cerrar este paréntesis
si nosotros mismos nunca supimos que estuvimos juntos:
aparcelados nuestros instintos
humanizado nuestro Olimpo
o cualquier distante morada
del Señor?
reloj:
2:00 de la madrugada.
Las cortinas vuelan sobre las persianas azules de este sol de soledades: y me surge la interrogante, ¿alguna vez hubo intención de mostrarnos abiertos, entre sonrisas y caricias, danzas prohibidas, infierno y cielo, delirio, pasión, cortinas de seda?
Vuelvo a tu rostro delgado
Como tu cuello delgado tus senos delgados tu sexo delgado tus dedos delgados
y me afilio a la idea de ser tu pasado
aunque nos conociéramos ahora
en las próximas dos horas: derretidos en la cama,
olvidando que el mundo está allí
latente, real verídico, como el noticiero de las dos de la tarde
manchado
podrido, alienado
salpicado de sangre, de torres de dolor
de falsos profetas
reloj:
(esta parte es para ti)
Y de pronto te sueño, mujer.
con tu cabellera rubia, tus labios carnosos
tu sonrisa sin poses
tus senos redondos:
tu amasado rostro: ansiado rostro
y te digo: “quisiera besar tu rostro por una hora”
¿por qué tu rostro?
Y me preguntas: ¿por qué estás enamorado?
Y te respondo: no es fácil responder, no es ir a buscar una bicicleta y decir me gusta esa: es inexplicable, mujer.
Y bebes tu café
Ambos encendemos un cigarrillo y me explicas: tengo pareja, estable. Para casarme. Escucho cristales rotos por un ventanón. Un campanario enloquecido, el mundo fuera de su órbita: nada es tan dúctil, atrayente, como el reto de verte
Hablar de él.
reloj:
2:00 de la madrugada.
Entonces, al mirarme con tus pupilas ataviadas de sol
me dices: no te daré una respuesta
tiempo al tiempo a ver lo que pasa.
Y la has dado mujer
Tu pelo castaño recogido, cascada de seda
Me atrae con aroma.

Al abrir los ojos
me golpea la soledad.
El cuadro de silencio embriaga la hora.
Quisiera disolverme en ese minúsculo instante
En el que estuvimos ambos hasta la medianoche: batiéndonos contra el insomnio
Procurándonos en los átomos de tu risa desnuda
olvidándonos de todo
en la punta de la carne
reloj:
2:00 de la madrugada.
Alguien escribió nuestra historia,
a su antojo dirigió nuestras vidas
fuimos
personajes de un torrente inaudito: húmedo
viscoso, astral
de esto que es pesadilla antes de dormir.





29 diciembre 2008

Fragmento de Dónde está Johnny Lupano













Néstor Medrano
El Presidente cayó de rodillas, abrumado por su debilidad; la debilidad propia de los seres ordinarios que suelen enfermarse cuando llegan a la ancianidad. Pero yo, coño, no puedo darme el lujo de estar babeando, de ser humillado por una incontinencia propia de los carnales mortales. Se descubrió en su propia realidad y quedó ofuscado. Nadie podía enterarse, coñazo, que no podía contener la orina y que me había orinado los pantalones nuevos de casimir inglés.
Una hora después de ese trágico acontecimiento, que le permitió enterarse por primera vez en su vida faraónica, que era vulnerable como cualquier hombre de cuarta categoría, convocó un consejo de gobierno con carácter de urgencia.
Una vez reunido con sus ministros y jefes de seguridad nacional, esbirros y funcionarios del más alto nivel, ordenó que se buscaran en toda la capital del país, provincias, municipios, barrios y parajes urbanos y rurales, a los médicos, hechiceros, curanderos y prepara yerbas, para que entre todos obtuvieran una fórmula inmediata que curara su humillante desarreglo.
-Otra cosa, señores-dijo al terminar la sesión-, si alguien fuera de estas cuatro paredes se entera de esta vaina, o escucho algún rumor que traiga el viento, alusivo al tema, me encargaré personalmente de matarlos a todos con mis propias manos y luego a sus hijos, hermanos, sobrinos y nietos. Nadie más que yo puede saber la magnitud del dolor que sacude a un hombre cuando es ofendido tan arteramente por la naturaleza.
Cuando se retiraron, el polvo talco que utilizaba para blanquear su rostro se corrió y al contemplarse en ese estado impúdico para un hombre que como él rendía culto a la belleza, quiso que el mundo se derrumbara con él.
-¡Demonios!- gritó-, esto no me puede estar ocurriendo a mí.



CUATRO
-Isabel, date prisa. El Presidente espera por nosotros.
-Un minuto más, sólo debo ajustar algunas cosas en mi vestido.
Johnny Lupano sudaba. No era el momento de sentir temores, aunque un gusanito de intriga se removía en sus vísceras y contoneaba sus huesos.
-Sabes que ese hombre es más peligroso que los hermanos y gusta de las mujeres ajenas. ¿Cómo enfrentar sus insinuaciones? ¿Qué haremos si me corteja?
El silencio se hizo denso. Johnny Lupano sabía que ella tenía razón; las muestras fatídicas estaban ahí. Familias enteras habían perdido la dignidad desde hacía tiempo debido a que unas ofrecían a sus hijas en la tierna juventud para que el tirano las desgraciara con su hombría de bestia, a cambio de favores y prebendas oficiales, y a otras la dignidad les era arrebatada y cuando se negaban a darlas en bandeja de plata perdían bienes, amistades y se convertían en rastrojos miserables de seres humanos.
-Debemos correr el riesgo-determinó el hacedor de canciones.

En la galería colgante del amplio jardín de la mansión del gobernante una mesa esperaba repleta de exquisiteces y de platos exóticos, dispuesta con la meticulosidad de orfebre propia de las apetencias del tirano.
Como se esperaba, la mesa estaba lista para cuatro personas. ¿Por qué invitar a nadie más? ¿por qué meter más gente de la cuenta en un encuentro casi confidencial? De todas formas ni Johnny Lupano ni Isabel Gutiérrez se aventuraron a preguntar por qué la ausencia de su esposa, además era un elemento intrascendente, que tampoco les importaba un carajo. El jardín era extenso y cada uno de sus extremos fue adornado con un contingente de hombres armados hasta los dientes. Se trataba de hombres jóvenes, bien vestidos y de apariencia intachable que se intercomunicaban con discreción, sujetando con ambas manos las ametralladoras que formaban parte del entorno natural de la noche, junto a la vegetación tranquila y apacible.
El Presidente se sentó en una de las sillas principales; sonriente. Los invitados lo imitaron. Con un chasquido de dedos surgieron de la nada cuatro mujeres vestidas de blanco que probaron sin titubear un bocado tras otro y un trago de cada cosa que sirvieron en la mesa. El mandamás llamó a uno de los hombres de confianza y le dijo algo en el oído. El hombre salió con pasos apresurados y cinco minutos después regresó y discretamente asintió con la cabeza. Las mujeres terminaron de probar. Diez minutos más tarde fueron despedidas hasta que llegó un hombre de piel bronceada y rasgos femeninos que puso el platillo de entrada frente a los comensales.
-La vaina de ser presidente-rompió el hielo el tirano-es que uno debe mantenerse vivo y proteger a quienes dependen de nosotros. ¿Qué le parece esa jodienda señor Lupano?
El aludido lo miró con una sonrisa.
-Me parece correcto-dijo-hombre precavido vale por dos.
-En eso de los adagios-continuó el dictador-hay una marcada sabiduría humana.
Hay quienes creen que la gente del pueblo es pendeja y la gente sabe y tiene conciencia de cada cosa que hace y dice, je, je , je.
Isabel Gutiérrez se mantuvo callada toda la noche.
-A la Estrella de Fuego no le gusta hablar mucho, ¿eh?-hizo notar el anfitrión mientras llevaba la cuchara a la boca. La Isabel reaccionó con rapidez inusitada:
-Excelencia-dijo-soy una mujer que trata de escuchar para aprender...creo que no hay más que hacer cuando es el presidente de la República quien habla. Además, si los jueces hablan por sentencia, los cantantes lo hacemos en el escenario.
Johnny Lupano encendió un cigarrillo. Previamente consultó con el mandatario si podía hacerlo en su presencia. Luego intervino:
-Es una parlanchina, excelencia, lo que pasa es que está apretada.
-¿Cómo va a ser? Una mujer que se para en un escenario a cantarle a miles de personas. Debe ser un pretexto para no compartir con nosotros. Pero está bien, entiendo eso de la timidez que sienten las mujeres cuando están entre hombres.
El tirano frunció el ceño, luego sonrió; rebanó un pedazo de piña y guardó silencio. Desde allí se respiraba una tranquilidad desesperante, que salía de entre las flores y que horas después haría reaccionar a la Isabel.
“Estaba presionada por el olor a cementerio. La paz de esa casa no es una paz de sosiego, es la que viven los muertos del camposanto’’.
Terminaron de ingerir los alimentos cuando la noche se hizo intensa y la brisa se extinguió. En los árboles no se movía una sola hoja.
-¿Y bien Lupano?-inquirió el tirano con una llama fluorescente en las pupilas-¿Qué sucedió con su embajada, hubo alguna inquietud?
Isabel Gutiérrez contuvo la respiración, palideció. Era una especie de terreno minado el que pisaban ahora. En los pasadizos clandestinos se decía que muy despacio pero progresivamente el tirano estaba perdiendo la cordura, e incluso, se hizo célebre la convocatoria que realizó para que los familiares de personas enfermas condujeran a sus dolientes al Palacio Nacional, donde él, personalmente, se haría cargo de salvarles la vida y de curar enfermedades terminales, porque Dios lo había investido de poderes curativos especiales como parte de su misión redentora en la tierra.
¿Qué puede costarle sacar la pistola y darnos un tiro en la cabeza y alegar que irrumpimos en la casa con intenciones de matarlo? ¿Acaso la locura tiene razonamientos? Es como el cuento de la vieja que lleva a la casa un pavo y un cerdo en agosto para engordarlos y pasarlos por las cuchillas en Navidad. Ni siquiera invitó a la familia, o a la esposa al menos, es curioso que no haya invitado a nadie para que se vieran los niveles de empatía que existían entre nosotros, luego de la golpiza y el encierro de Johnny Lupano. Ni siquiera al hijo que se supone el heredero de la dinastía aunque se trate de un carajete sin más ambiciones que correr carreras y mariconear con sus amiguitos del poder.
-Le pregunto-insistió- porque en la embajada ni siquiera tuvieron el decoro de enviarme una comunicación agradeciendo la diligencia personal que puse en su caso. Yo soy el presidente de la República, mínimo me merecía eso.

26 diciembre 2008

Karina

Muchas veces te vi desgranando tu cabellera negra, de seda, sobre mi rostro. No solo te vi, nadamos en ese espacio de amor y desamor , nadamos. Nos apuntamos en tus besos de canela, Nos derretimos en tu piel de mulata, rebosante, amor y caricias, pacto sagrado, olvidos y momentos, ahora ya no, ambos estamos juntos, Karina. Ambos somos amor, ambos somos claridad, luz, sombras, sin miedos, sin torrentes, sin disculpas. Hasta hoy lo entiendo, cualquier otra cosa, fue pura incertidumbre. I love you, so long. Hasta esta noche espejeada de nosotros.

20 diciembre 2008

RISTRE


Ellos forman parte del grupo que cada día me hace una mejor persona


Uno de los poemas de Escritos con Agua de Lluvia


ganador del premio de la centenaria Alianza Cibaeña de Santiago.


Néstor Medrano




Me entristece verte así, como estás hoy, con el rostro lleno de sombras y los labios apretados, extenuando el aliento; matando esa risa tan tuya que, según creí, alguna vez fue mía. No puedo siquiera suponer que la distancia se extenderá sobre nosotros y marcará sus huellas hirientes, por las brasas de las lágrimas, en este pedazo de existencia, que un poco dejó de ser vida cuando lo decidiste: partir desde el principio de nuestros amores y llegar al irreconciliable cerco de la separación.Junto a ti, a tu recuerdo, quiero decir, me unto de esa nostalgia que irrumpe en la maquinaria de mis sentimientos y remueve las hojas secas de este árbol caído, dañado y sin sangre circulando que soy yo desde el ángulo no fortuito, sino premeditado de tu silencio.Porque fuimos juntos muchas partes de ambos y de nosotros dos sin dividirnos, premeditándonos en cada movimiento, en cada mirada entrecruzada y en cada beso viajero que se enredaba más que a la lengua infinita de nuestros humores, al pánico agradable del descubrimiento de los primeros planos del amor o del sexo, de la lascivia y de la humanidad que nos arrastraba hasta sofocarnos en las sábanas blancas de las unificaciones y los bramidos y los resuellos desencadenantes de la hombría y la mujeritud que irradiabas en cada vapor de tus poros y tu piel.Y ahora te decides a abandonar aquellas cosas impensadas, aquellas cosas que nos definen a los dos como si ambos fuéramos uno solo, que palpita y se desencadena en nosotros mismos, porque la confusión tiene sus momentos y los exalta y los enrosca y los envuelve en los abismos telúricos del daño y la traición.Pero yo estaré allí, situado en el mismo lugar. Frente a la mesita de madera caoba donde montaba la copa de ron con Coca-Cola y fumaba mis cigarrillos precisos, escuchando quizás un poquitín la voz azul y desembarazada de José José y su anda y ve, te está esperando anda y ve, no lo hagas por mí, que al fin y al cabo, sólo soy tu amigo. Anda y ve, te veo nerviosa, anda y ve y que sientas con él, lo que en su día, tú sentías conmigo...Mi trago que cae, se desliza por mi garganta, lenta y despaciosamente, mientras te espero y espero que dobles el rostro y olvides esas ideas y que esas ideas no sean malas ideas sino buenas ideas, al menos vinculantes, memorativas, llenas de recuerdos del presente y de esos presentes que aún el reloj y el tiempo no han provocado.Así que espero, espero.

11 diciembre 2008




Junto a mi colega Fernando Marte en nuestro viaje a Corea del Sur hace dos años.


NéSTOR MEDRANO
La revista cultural dominicana y caribeña Vetas, que dirige mi distinguido amigo Clodomiro Moquete, acaba de privilegiarme con la publicación de mi texto “Nos fumamos el amor”. Le agradezco a Clodo este gesto que, como todos los emprendidos durante sus 15 años de esfuerzos por mantener abierto un canal para las letras, lo confirman como uno de los principales gestores de la cultura nacional y más allá de nuestras fronteras.
Vetas, cumple, precisamente en este mes de diciembre 15 años y los amigos de Clodo, estamos contentos por la verdadera hazaña que representa en nuestro país, mantener vivo, como un latido de la expresión más plural del pensamiento, páginas que ya forman parte de nuestra historia. En lo que a mí se refiere, se trata de una distinción valiosísima, por la confianza y por el espaldarazo a mis desvelos literarios, en su más febril estado de ebullición. El mundo literario dominicano está en su mejor momento, con una producción que se sobrepone a las iniquidades de un medio de difícil permanencia. Vetas es forjadora de una mística que desde sus orígenes rompió los esquemas del elitismo para hacer cultura de lo sencillo y hacer de lo sencillo brotes extraordinarios de creación poética, narrativa, histórica y ensayística. Ya en una edición anterior figuró entre sus páginas mi texto “El Dragón sobre su cuello”, oportunidad que tuve a bien compartir con figuras de la estatura de Junot Díaz, premio Pulitzer, Tatem Brache y otros escribidores.
En esta ocasión resaltan los trabajos de los escritores Alejandro Paulino Ramos, Joel Rivera, Ángel Haché, Diógenes Abreu, Jimmy Hungría, el mismo Clodo, Rafael Peralta Romero, Sélvido Candelaria. También la nueva miembra de la Academia Dominicana de la Lengua, Emilia Pereyra, entre otros.
No podía dejar pasar esta maravillosa oportunidad sin compartirla con quienes me honran en leer, de vez en cuando, Hombre de Letras.
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Periodista, escritor, ganador del Premio Único de Poesía de la Centenaria Alianza Cibaeña de Santiago de Los Caballeros y autor de la novela infantojuvenil Héroes, Villanos y Una aldea, publicada por el Grupo Editorial Norma. Reportero del matutino dominicano Listín Diario.